lunes, 20 de marzo de 2017

ARBOL

 Viví anestesiado ante la naturaleza muchos años. Desde donde  escribo, cuando abro la ventana, veo un árbol majestuoso, generoso, regalado a mis ojos, imponente, magnífico, siempre ahí, desnudo en otoño e invierno y empieza a florecer ahora en primavera, rodeado de arbustos y enfrente de la ventana un caserío precioso.

Desde hace 40 años han estado ahí. Sin yo buscarlo, he comenzado a sentir ese árbol y esa naturaleza cuyos adjetivos del primer párrafo obviaba y desconocía, hace muy, muy poco tiempo. Y  además también vemos el mar a la izquierda del mirador central de la cocina y el monte Igueldo; se trata de ponerte mirar y a ver. Tantos años seducido por el asfalto, y sin embargo, la quietud y la fuerza centenaria de ese árbol y de los colores de la naturaleza las descubro ahora. Nunca es tarde. Te la encuentras sin forzar. Tantos pensamientos hierven a veces en la cabeza en la ansiedad de este mundo que camina a enorme velocidad,  y miras, y es como si de repente, silencio....Ojalá durase todo el día.

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