miércoles, 24 de mayo de 2017

PRESENTE


Si se consigue hacer algo de lo que aconseja Ekhart Tolle ("El poder del ahora") y aceptar y vivir sólo el presente, sin hacer caso de pensamientos de luchas internas, y aunque ese solo presente te produzca sensaciones negativas (porque estás mal y punto), y si no rechazas esas sensaciones negativas (lo que las haría más intensas y dolorosas), no quedará espacio para preocuparte por el futuro, y el miedo a éste puede perder mucha intensidad. No te quitará todo el dolor pero libera bastante.

Te lo dice uno que está pasando por una depresión.

¿Algún problema?

miércoles, 17 de mayo de 2017

A PESAR DEL DOLOR

 
La naturaleza era salvaje por lo visto. Por eso se creó la civilización. Por medio (y desde un principio) de guerras, también salvajes, que continúan, también en los países civilizados.

Podría sacar una conclusión cínica, agria o nihilista. 
Pienso que el elemento que nos salvaría de todo eso es el amor en todos sus terrenos, por mucho que a veces lo experimentemos de forma fugaz. La única sabiduría en la que estaría dispuesto a creer sería  ese Amor, que es lo que hace bello e inocente al ser humano. A pesar de seguir ignorando casi todo lo demás. A pesar del dolor que ocupa un lugar que no entiendo.

Puedo ser relativamente feliz.

viernes, 12 de mayo de 2017

Y CUANDO PIENSES QUE YA NO PUEDES MÁS



  Y cuando pienses que ya no puedes más, recuerda que lo pensaste muchas veces y saliste adelante. Y cuando pienses que ya es demasiado, recuerda que a todos les toca mucho y que desesperar o quejarte sólo te debilitará y hundirá más.
   Y cuando veas asomar a la culpa, esa traidora disfrazada en mil conversaciones de forma subliminal, piensa que aquí ni tú ni nadie tiene la culpa de nada, o sea que deja a ese elemento solo y arrinconado.
     Y piensa que no perder la esperanza es clave para que ocurra aquello que esperas que ocurra; quizá no ocurra, pero la esperanza lo hará mucho más posible. 
       Y no pasa nada por estar mal. Esa es la diferencia. Antes te enrabietabas, ahora no. No sirve. No te pongas galones ni te hagas el fuerte por tus "éxitos" y "logros" ni te fustigues por tus "fracasos". Eso es un cuento chino, mejor dicho americano. El sueño de la cultura del esfuerzo y la victoria y toda esa superchería que nunca te sirvió y que ya no te crees.

 Por tanto, piensa que puedes vivir así, y que además, es muy probable que mañana, sí, es probable que mañana consigas levantarte pronto y darle la vuelta a todo esto. Claro que sí. ¿Por qué no? Que sí, que son dos palabras que te ha dicho tu pareja durante tantos años...

jueves, 11 de mayo de 2017

¿RECETAS DE VIDA?



Mis incógnitas básicas nunca serán resueltas. Me haría muy famoso si las resolviese. Los demás tienen las mismas….
En cuanto a las personales, ¿nos conocemos? Algunos más que otros, pero las recetas de vida que mandan psicólogos, gurús, psiquiatras, sacerdotes, budistas y todos los clasificadores de lo trascendente aplicable a lo ordinario y diario van y se contradicen unas a otras.
La moral, en ocasiones, juega todavía un papel demasiado coercitivo y actuar según se dice que hay que hacerlo (¿quién y con qué divina autoridad?) en general, o hacer siempre lo que “la gente” dice que hay que hacer, es a veces imposible incluso hasta para la gente; por lo tanto los que somos gente andamos todos disimulando muchas veces y justificando nuestros actos (en alguna ocasión con medias o menos que medias verdades) y por supuesto, en la calle, siempre estamos bien.
Ante semejante panorama, le dije a mi psiquiatra el otro día, que, para colmo, quienes padecen males psíquicos parece que tuvieran que dar explicaciones sobre lo que hacen bien y no bien. Y los psicólogos y psiquiatras deciden lo que es bueno o malo a veces. Lo que pasa es que unos dicen una cosa y a veces, otros, la contraria.
En el plano general, se puso muy de moda lo de luchar, pero hay gente que opina que es contraproducente y que hay que rendirse a lo negativo para que este pierda fuerza y dejarse fluir. Pero también fluye el río y a veces está lleno de accidentes geológicos y se sale del cauce sin que el hombre haya intervenido.
Resulta que la naturaleza es sabia pero, sin que el hombre haya intervenido también, a veces, ésta, se ha comportado muy violentamente: Huracanes, terremotos, volcanes en acción, desprendimientos…
Las recetas para la felicidad son tantas que uno no sabe a cuál agarrarse.
Unos hablan de la fuerza de voluntad, pero hay psiquiatras que dicen que la Fuerza de voluntad es a veces contraproducente en la depresión. Cuando no hay fuerza, si uno lo intenta y el cuerpo no acompaña, puede pensar que es un vago, que no lo hace bien y frustrarse y culparse equivocadamente. Alguna vez acertadamente.

¿Qué, pues, al final?
Sólo seguir caminando teniendo como principal referente a uno mismo porque los “dicen que” suelen ser demasiado ambiguos y mejor coger de aquí y de allí lo aplicable a tu personalidad (diferente en cada persona y sus circunstancias) y sobre todo de uno mismo. Cada persona necesita su propia guía de auto-ayuda y la lleva dentro. No evitará sufrir, pero también podrá disfrutar mucho.
Tengo ciertas dudas, pero eso es sano, pues lo último que se pretende es sentar cátedra.

martes, 9 de mayo de 2017

11 días 12 noches en el Frenopático


   El Domingo de pascua de Semana Santa ingresé inesperadamente en el Hospital Mental de San Sebastián aquejado de una fuerte depresión. Simple y llanamente creí que había retrocedido tres años de evolución y que volvía a años de auténtico infierno; y no estaba dispuesto a pasarlos otra vez. Creyendo que las cosas estaban en ese plan, no quería, pues, vivir más, que es la información que recibió la psiquiatra de guardia por medio de mis palabras desoladas.

   Salvando los modos matinalmente militares de una voluminosa auxiliar, el trato que recibí fue bastante correcto.
   Vivíamos al cronómetro.  Mejor que te levantases hacia las ocho, antes de que una auxiliar te lo ordenara sin pedírtelo por favor nunca; porque también te ordenaba ducharte y hacer la cama, como o por si no lo fueras a hacer sin recibir la orden. Así que yo lo hacía de antemano. Por no recibir órdenes. Para que luego, total, sobrara bastante tiempo. Pues una vez hecha la cama y elegidas las opciones de comida del día siguiente nos encontrábamos en un pasillo, así, en el pasillo, sí, sin más, marchando o quietos,  callados o charlando, hasta las nueve en punto de la mañana. Ni un minuto más ni  un minuto menos. En punto. Los dos primeros días desayuné en planta. Los siguientes en el comedor inferior. A las nueve y media (en punto también) venía el animador físico-manual, para los que quisieran hacer estiramientos y relajación. Yo andaba alrededor del patio. Una hora. No más ni menos. Hacia las once, o subía al taller (pinté mandalas) o leía. Los lunes, miércoles y viernes venía una mujer a afeitarnos. A las y media de cada hora (en punto) zumo para el que quisiera. A las y veinte, fuego para el que fumase. Yo no fumo. Todos los fumadores me dicen que hago bien. Durante la mañana le atendía a uno, en mi caso casi todos los días, el psiquiatra, que me subió el antidepresivo.

   A la una comíamos y a la una y veinte fuego para fumadores. A las dos, en punto, subíamos a la planta. Para el que no quisiera echar siesta había dos horas muertas de pasillo hasta las cuatro. Antes de las cuatro nos preguntaban si habíamos hecho cacas. Una vez me lo preguntaron mientras vieron que estaba en ello, tras abrir la puerta del W.C.. El único fallo gordo quizá. A las cuatro, ala, a merendar, más comer, malta con leche, galletas y bocadillo. Cuatro  y media visitas. Si no podías salir, se quedaban contigo hasta las seis y  media, o posteriormente podías salir, en mi caso con las visitas, durante esas dos horas o hasta "hora cena". Ocho menos cuarto  de la tarde llegar, lo más tarde; y a las ocho cenar. En punto. Ocho y veinte, fuego otra vez para fumadores. Esperar. Siempre esperar. Charlar, mirar la tele, caminar, ojear alguna revista.... Subir a las nueve. Lo has adivinado: En punto. Hasta las diez y media veía la tele, cosa que no hago en casa; pero no había alternativa, pues hasta las diez y media no me daban una medicación sin la cual no me dormiría.

   Salí de alta a primera hora del viernes 28 de abril de allí. Ahora no pienso lo que dije al principio. No he podido hacer las cosas que me propuse  como me las propuse dentro. Es muy diferente vivir y pensar en aquellos condicionantes o en los que tú debes o/y no debes marcarte. De momento vivo. Hoy  lo estoy haciendo bastante bien; respiración y pulso normal, y todo eso... 

      Y eso es todo amigos.

miércoles, 3 de mayo de 2017

POR QUÉ HE ESCRITO


He escrito porque en momentos sentía la necesidad de desparramar en palabras y frases los sentimientos que había en mi interior. He escrito para contarte, para decirte, para sentirte, para llegarte, para salir de mí. He escrito porque a medida que suelo ir colocando una palabra tras otra siento que hay un nudo en mi interior que se va desatando un poco, que se va soltando en cierto modo, que se va representando en mi ser, liberando parte de mi tensión en la página en blanco y viendo como van durmiéndose  cosas  que  despertaron en cautividad nerviosa, aprisionadas en resistencias interiores.

He escrito porque no quería quedarme atrás. He escrito para estar con vosotros. Para poner mi grano. Para no ser menos ni más, y buscar ser uno. Y he solido escribir pensando que debería leeros más, pero a veces la vida no da para todo.

Seguí escribiendo porque algunos quisieron compartir conmigo lo que yo les presentaba, porque había pedazos de vida, de dolor y de alegría, de empatía al fin y al cabo, en algunos de  los bienes y males presentados. Porque algunos dijeron, me pasa lo mismo a veces también, o te entiendo, porque algunos recibieron y respondieron y correspondieron. Agarraron con valentía el guante lanzado para sostenerlo. He escrito por agradecimiento a las agradecidas y porque necesitaba llegarle a alguien para salir de la soledad que todos compartimos.

He escrito por mí y por otros. He escrito porque a veces duele y otras hace gracia. Porque hay malo pero también mucho bueno. He escrito porque estoy vivo, tengo que vivir, y necesitaba de la palabra.

jueves, 30 de marzo de 2017

PESADILLA

Voy en el autobús que me lleva a mi casa hacia el anochecer. Cuando me doy cuenta de que el bus ha saltado mi parada pido al chófer que me abra la puerta; fuera de parada. No lo suelen hacer pero el chófer es muy amable y lo hace. En cuanto salgo del autobús, o justo ya saliendo, me doy cuenta de que me he dejado la mochila dentro de este. Donde llevo la cartera. Donde llevo el bono-bus de imán electrónico.

En la siguiente escena me veo metido en lo que parece ser un parking general laberíntico. Veo que para salir de las barreras de allí, al igual que sucede con las del topo o tren, necesito el bono-bus, aquí llamado "mugi", pero que no lo tengo; está en el bus. Le explico a una responsable la situación pero ella no me va a dejar salir así por así de ese lugar espectral, da a entender. Por lo visto puedo estar bajo la sospecha de algo ilegal; además, me digo ahora, fuera del sueño y de la pesadilla, ella quizá se preguntaría cómo, si no puedo salir ahora, en algún momento entré.
La responsable me dice que tengo que hablar con la policía. Con un policía entre muchos. Le pregunto si esa noche podré salir y me da a entender que será difícil, que al día siguiente llamarían a cocheras (lugar donde "duermen" los autobuses y donde aparecen los objetos perdidos) para confirmar lo que les digo. Le digo que yo no me puedo quedar toda la noche allí y ella sonríe con condescendencia. Le informo de mis problemas de enfermedad, ante lo que ella dice como entre dientes algo así como "¡me va a chantajear el niño a mí, con esa historia!!...". Más tarde viene otra responsable y me pone en el brazo una tirita con su nombre, según el cual, dice ella, en la zona cinco mil y pico (un número concreto entre más de cinco mil números concretos) con esa referencia, un policía se encargará de mí. Pero me dice que no será fácil encontrar esa zona yendo por ir por cualquier sitio, y que tendré que tener mucha paciencia. Le pregunto si ha leído a Kafka (al que yo sólo leí la metamorfosis) e ignora mi pregunta.
Pienso que sin la medicación nocturna me puede dar una crisis de pánico (sensación de estar enterrado vivo) y que la situación del parking aceitoso, oscuro, espectral e infernal por ser sin salida, ya sería complicada sin enfermedad, pero con enfermedad más. Empiezo a vagar por ese parking del averno. Dentro del bolsillo pantalón palpo que tengo la tarjeta de salida. La saco. Pero no es la auténtica. Es una de colores que nunca vi. Pero saco otra, y es también otra de colores igual a la anterior y saco una posterior igual a las dos anteriores. En ese momento, saco, por sorpresa, la cartera (la que creía haberme dejado en el bus con con el necesario bono-bus para salir de allí) y al verla me hago ilusiones.
Me despierto.
Todavía me estoy recuperando.
Supongo que esa pesadilla deja bien claro que en el subconsciente uno tiene pánico a vivir situaciones absolutamente infernales y torturadoras.