jueves, 30 de marzo de 2017

PESADILLA

Voy en el autobús que me lleva a mi casa hacia el anochecer. Cuando me doy cuenta de que el bus ha saltado mi parada pido al chófer que me abra la puerta; fuera de parada. No lo suelen hacer pero el chófer es muy amable y lo hace. En cuanto salgo del autobús, o justo ya saliendo, me doy cuenta de que me he dejado la mochila dentro de este. Donde llevo la cartera. Donde llevo el bono-bus de imán electrónico.

En la siguiente escena me veo metido en lo que parece ser un parking general laberíntico. Veo que para salir de las barreras de allí, al igual que sucede con las del topo o tren, necesito el bono-bus, aquí llamado "mugi", pero que no lo tengo; está en el bus. Le explico a una responsable la situación pero ella no me va a dejar salir así por así de ese lugar espectral, da a entender. Por lo visto puedo estar bajo la sospecha de algo ilegal; además, me digo ahora, fuera del sueño y de la pesadilla, ella quizá se preguntaría cómo, si no puedo salir ahora, en algún momento entré.
La responsable me dice que tengo que hablar con la policía. Con un policía entre muchos. Le pregunto si esa noche podré salir y me da a entender que será difícil, que al día siguiente llamarían a cocheras (lugar donde "duermen" los autobuses y donde aparecen los objetos perdidos) para confirmar lo que les digo. Le digo que yo no me puedo quedar toda la noche allí y ella sonríe con condescendencia. Le informo de mis problemas de enfermedad, ante lo que ella dice como entre dientes algo así como "¡me va a chantajear el niño a mí, con esa historia!!...". Más tarde viene otra responsable y me pone en el brazo una tirita con su nombre, según el cual, dice ella, en la zona cinco mil y pico (un número concreto entre más de cinco mil números concretos) con esa referencia, un policía se encargará de mí. Pero me dice que no será fácil encontrar esa zona yendo por ir por cualquier sitio, y que tendré que tener mucha paciencia. Le pregunto si ha leído a Kafka (al que yo sólo leí la metamorfosis) e ignora mi pregunta.
Pienso que sin la medicación nocturna me puede dar una crisis de pánico (sensación de estar enterrado vivo) y que la situación del parking aceitoso, oscuro, espectral e infernal por ser sin salida, ya sería complicada sin enfermedad, pero con enfermedad más. Empiezo a vagar por ese parking del averno. Dentro del bolsillo pantalón palpo que tengo la tarjeta de salida. La saco. Pero no es la auténtica. Es una de colores que nunca vi. Pero saco otra, y es también otra de colores igual a la anterior y saco una posterior igual a las dos anteriores. En ese momento, saco, por sorpresa, la cartera (la que creía haberme dejado en el bus con con el necesario bono-bus para salir de allí) y al verla me hago ilusiones.
Me despierto.
Todavía me estoy recuperando.
Supongo que esa pesadilla deja bien claro que en el subconsciente uno tiene pánico a vivir situaciones absolutamente infernales y torturadoras.

viernes, 24 de marzo de 2017

AGUIJÓN


Si pudiera medir la intensidad del aguijón que se planea sobre uno y dentro de uno ciertas mañanas, y en ciertas tardes, para mirarlo en directo y con calma,  y pudiera sujetarlo, relajarlo, convirtiendo así su amarga punzada en dulce picor,  y hacerlo sin palabras, con la mirada fijada clara en él, sin poner media pastilla más, y sin tener que pensar en topicazos del poco a poco, o el no hay mal que cien años dure, o ya pasará, o paciencia y ya se sabe, o el sólo es por las mañanas sobre todo, y prescindiendo de todos nuestros artificios "brillantes" de rutina mascada ante las mismas preguntas de siempre con las mismas respuestas de siempre, pudiendo decirle de este modo, sin palabras y con los ojos claros, sólo esto algo así como "eh, mírame, vale, cálmate, ocupa tu sitio fuera de mí, deja este lugar limpio como si en él estuviera sólo yo, encima de una arena fina desde la cual mirar el más bello de los mares y todos los más impresionantes colores, sintiendo el mayor de los sosiegos intensos...", si pudiera hacer eso, no estaría yo aquí escribiendo.

Y no acudiría a escribir para obsevarte de esta manera, que más que resistir, pues yo no quiero resistir a nada,  (pues se me hace más grande), escribir en este caso, es aceptar llevarte conmigo; pero ahora recurro al tópico verdadero cuando te digo que el día menos pensado te irás y serás sólo recuerdo.

Ahora sólo quiero sentir mis dedos sobre las teclas mientras escucho esa canción que siempre me abrazó en mi silencio  y me hizo sentir acompañado de la voz natural más bella y armoniosa en relación a un hermoso desgarro algo balsámico en su expresión.

miércoles, 22 de marzo de 2017

SI PUEDES


  Si puedes, ignora la tristeza, si puedes, sigue viviendo independientemente de lo que tu estado de ánimo (alegre o triste, tranquilo o nervioso) haga. Si puedes teclea, si puedes charla, si puedes estate viendo pasar lo malo si es que pasa por ti, como si fuera algo igual a unas nubes externas que no te pertenecen porque tú no eres tus sentimientos. Si puedes y si te acuerdas, pasa de tu mal y recibe con alegría y calor tu bien.

Y entonces ese calor con el café con leche y la música y la cena o cervezas con amigos y las risas, vendrán en cualquier momento, y la noche que parece haber venido a quedarse dentro y que tienes ganas de rechazar pues se confunde con el clima nublado y oscurecido del día, se va como vino, y en esos instantes no te acuerdas de la tristeza profunda que te acompañó o te acompaña en momentos. Sólo piensa en que se pasa y que cuando más importancia le des más fuerza coge sobre ti y más poder  tiene para hacerte daño. Y cuando llegue el sol interior y exterior, de clima o de amistades y risas cariñosas, simplemente siéntelas y piensa que aunque también pasarán, qué buenas son cuando ocurren. Un grupo musical decía que la vida era una sinfonía agridulce. Pues en general sí, a veces no, quién sabe...

Y así vamos pasando de unos colores a otros y no hay momentos iguales a otros ni alegrías o tristezas exactamente iguales a otras y tus estados recorren toda una cromación de paleta muy variada de cualquier pintor misterioso que va dibujando tus estados; pero ojo, piensa que sea como sea el dibujo que algo haya hecho en tu interior, tú tienes cierto poder para, según cómo lo observes o lo trates con tus sentidos, no te haga un mal absolutamente irreparable. Y puedes convertir el dibujo, a veces, de oscuro a brillante. Con cuidado.

lunes, 20 de marzo de 2017

ARBOL

 Viví anestesiado ante la naturaleza muchos años. Desde donde  escribo, cuando abro la ventana, veo un árbol majestuoso, generoso, regalado a mis ojos, imponente, magnífico, siempre ahí, desnudo en otoño e invierno y empieza a florecer ahora en primavera, rodeado de arbustos y enfrente de la ventana un caserío precioso.

Desde hace 40 años han estado ahí. Sin yo buscarlo, he comenzado a sentir ese árbol y esa naturaleza cuyos adjetivos del primer párrafo obviaba y desconocía, hace muy, muy poco tiempo. Y  además también vemos el mar a la izquierda del mirador central de la cocina y el monte Igueldo; se trata de ponerte mirar y a ver. Tantos años seducido por el asfalto, y sin embargo, la quietud y la fuerza centenaria de ese árbol y de los colores de la naturaleza las descubro ahora. Nunca es tarde. Te la encuentras sin forzar. Tantos pensamientos hierven a veces en la cabeza en la ansiedad de este mundo que camina a enorme velocidad,  y miras, y es como si de repente, silencio....Ojalá durase todo el día.

viernes, 17 de marzo de 2017

EL CONCEPTO DE FELICIDAD AUMENTA LA INFELICIDAD


Cuando llega la paz ya casi no hay necesidad de expresión.

En los momentos en los cuales existe la más neutra de las paces, y no la alegría intensa que precede a  la desolación, sino simplemente, una paz de estar tranquilo, así sin más; en esos momentos, digo, lo que parece que "está pasando" te parece bien; y digo lo que parece que "está pasando", pues yo creo que nunca acierto en el diagnóstico de lo que realmente "está pasando", mediatizado por estados de ánimo transmisores de sospechosas informaciones; pero ahora no me parece aburrido.
Hace tiempo que no conozco el aburrimiento. Mis sentimientos intensos anduvieron entre muy bien o bastante bien y dolor o desolación en las últimas semanas. Y no doy batallas por ganadas.
He venido a "Ocio y Tiempo Libre" a ESTAR. Y ya está. Y dentro de mí no hay una inmensa alegría pero tampoco oscuridad ni desolación. Ahora.
Ayer noche, en un momento de desolación, me dije que no quería vivir así siempre.
La vida te engaña en sentimientos, tantas veces. Te hace creer muchas veces, lo que no es. Y para cuando te das cuenta que no era para tanto, ya se fue; y en tu interior sin embargo, si fue para tanto, pues tu interpretación tiene todo el poder de la vivencia de eso que llaman realidad. Y ese para tanto, fue demasiado.
Por tanto me quedaría siempre en este punto,en el que estoy ahora, no me aburre el silencio pero quizá también me engaño.
Porque este punto viene de días y una mañana muy negativas y ahora es como si saliese del agua. Salido del agua, el deseo empezará a molestar pidiendo eso que llaman felicidad; felicidad, cuánto daño ha hecho tu concepto; tú felicidad, que eres una supuesta gran plenitud, creas deseos imposibles de cumplir muchas veces, por lo menos en el cuerpo variable en el que te vivimos; variables orgáinico-químicas, climatológicas y digestivas influyen  mucho en estados que se empeñan en focalizar sólo desde el lado espiritual o psicológico; señores budistas, una vez más, además de SER, somos cuerpo, y el cuerpo manda más de lo que ustedes quieren admitir; tú, "felicidad total", concepto atractivamente envuelto, enciendes  deseos imposibles de saciar totalmente; la plenitud total y absoluta no existe en el cuerpo en el que estoy hecho,  no existes, y eres algo que por empeñarnos en conseguir, se convierte en madre de muchas infelicidades y frustraciones. Es probable que vuelva a pasarme.
Calor entrañable de manta suave, y dulce sensación de abrigo ante las inclemencias violentas de un pasado interior. Cuando vuelvas, vuelve suave.

jueves, 16 de marzo de 2017

CAMBIOS DE ESTRATEGIA


Padecemos y disfrutamos de un clima extraño en este soleado día relativamente frío que, en crónica proximidad, llama a las puertas de una primavera que no sabremos, una vez más en los últimos años, si estará más cerca del otoño que del verano, porque el invierno que hemos tenido ya no obedece a definiciones de ningún diccionario mundial. Pero todavía estamos, cronológicamente, en él.

Y es ahora cuando toca mantener la misma vida de siempre, para cambiarla totalmente de raíz. Y la raíz no puede ser expuesta de forma prosaica, no aquí. Y la raíz es aparentemente un mal, según papeles de diagnósticos y tratamientos. Pero el peligro viene cuando se confunde a la raíz con el árbol, porque de grandes raíces se tambalearon  y cayeron árboles. Y de frágiles raíces se mantuvieron otros elementos.

Sólo mantenerse en pie. Sólo descansar activamente en el sol, para que, sin extasiarnos y dejarnos llevar por la euforia momentánea del gran sol y de los fuegos "artificiales" y la peligrosísima autosatisfacción del "lo hemos conseguido" (no has conseguido NADA), no desgastemos todas las fuerzas en celebraciones tipo "meta conseguida". Porque esas fuerzas las vas a necesitar cuando cambien las tornas; e inevitablemente siempre cambian; del sol al nublado y al revés. Al fin y al cabo no hay cosa más bipolar que la vida. Y tampoco has perdido NADA.
Así que aquí no hay nunca nada perdido ni ganado; en mi punto de vista al menos, en mi sitio. En el año 1997 estuve en un manicomio pensando que todo estaba perdido y en tirarme al tren. Aquí nos tienes a todos mis yo-es, en convivencia conmigo y contigo.
Por tanto, en mi caso, fuera tópicos y clichés y todos los "esto es así o de aquella manera", para estar atento y relajado, pero con el interrogante en la frente. Y como decía Manolo García a "verlas venir en movimiento". Y con reservas guardadas, con la estrategia del, "aparta eso ahora, o ese dichoso proyecto, el proyecto es vivir, que lo supuéstamente más importante (lo que te dijeron que era lo más importante, y lo siguen diciendo) no es nada importante ahora mismo." Cruzo los dedos y espero con mi mente focalizada en este momento pero teniendo muy en cuenta los momentos en que las fuerzas vayan a flaquear.
Aquí nos quedaremos.
Gracias.

miércoles, 15 de marzo de 2017

MI VERDAD

Cuando en el más pronunciado y agudamente oscuro de los túneles,  aunque sea breve, el interior queda ensombrecido en UN grado absoluto de impotencia, que se te presenta de sorpresa, rompiendo todos tus esquemas y el llanto pide salir a cubrir el rostro, y en segundos incomprensibles sale, no importando que ese rostro sea visto así, de esa manera, al descubierto, son las palabras las que quedan.
Y la palabra, las palabras, por lo menos ellas, desde hace 39 meses, con total estupor por mi parte, no me han abandonado en expresión escrita, cuando en forma leída se me hacen más escurridizas.

Y toca ser honestos. Son ya muchos días en los que a las tardes llega el hundimiento psÍquico---físico sorprendiendo con su presencia a un estado que parecía de lucidez y de encuentro, de cierta auto-realización. Pero llega la noche breve negándotelo todo y quitándote las chucherías del sentido.

Mi psiquiatra de toda la vida afirma en breve comunicación, que es transitorio.
Sirve esta situación, para ver que en los túneles más oscuros e inacabables en donde estuve y otr@s están ahora mismo, en casa o encerrados en psiquiátricos, donde todo parece acabarse y parece ser demasiado, y los budistas, para más inri, exigen una no/queja además (cuando el mal podría venir por desordenes organico-químicos que nada tendrían que ver con una imposible presencia del SER en ese caso), para entrar en una paz que no se manifiesta en grado neutro o continuo, en absoluto, sirve, esto, digo, para ver que, más veces de las que uno quiere admitir, ese  uno no puede. Y la confusión y el ego ofendido por lo que considera una humillación de la vida se apropian, y es cuando  todo lo cuestiona el individuo y ni siquiera sabe si debería estar aquí escribiendo estas palabras... Nada sabe.

Y sí que sabe aunque sea eso; pues ante todo este estupor lo único que te queda es la palabra y aunque tengas dudas de si debes de usarla para adornarte y presentarte con ella en público, en ese momento ves esto:
 La palabra, ausente o presente, como expresión del deseo de felicidad, plenitud, belleza, amor, flor, mar y todo lo demás, no me falla. Ella me acompaña. Y por escrito me calma si se la doy a otros. Porque la palabra para mí solo, no me enseña, no es efectiva, no tiene la fuerza que adquiere cuando la dirijo con puntería que trata de afilarse, cual flecha hacia el arco de tu corazón; y  así como dirigida sólo a mí es  una manera de soliloquio con la que nada aprendo, si te la lanzo  desde aquí, entonces la palabra  parece darle cierto sentido a algo o a todo.
Y entonces queda clara una cosa. Parece que sólo nos tranquilizamos si le encontramos un sentido relativamente positivo o lógico a las cosas. Es demasiado obviamente normal. Lo considerado inútil y estéril no llena a nadie. Las personas no cabronas por lo menos necesitamos la palabra en sentimiento para sentirnos, para querernos, o al menos pensar que nos queremos, aunque sea dentro de nuestra confusión. De los demás no sé nada.

AGARRATE AQUI


Me desperté hace siglos, agradecido al despertar.
Dormido estaba con pesadillas. No es una metáfora existencial. Es lo que me ha pasado hoy. ¿Serían las 7? He escrito; he recordado que en un lugar me he podido dejar el mp3 y un USB con información básica para el funcionamiento del universo.
Es entonces, cuando, sabedor de que tengo un ángel de la guarda que siempre me hace re-aparecer carteras cuando las daba por perdidas, he cogido el bus, he ido al lugar donde pude haber dejado el mp3 y el usb, y allí estaban los dos. Andando tenía luchas internas. Pero llevo muchos días andando y las agujetas, si se pone atención en ellas, responden agradecidas al movimiento.
Me meto en tabacalera (en la mediateca); en un ordenador meto el USB y reescribo, y pienso, puf, qué cansino es esto de escribir otro libro; además, esto que me parecía que iba muy  bien, ahora me parece vulgar y corriente. No importa, en otro momento me parecerá que está bien y tampoco importa, porque soy mal juez de mis expresiones. Pero no de mí. Yo valgo porque trato de hacerlo bien. Ya está. Autoestima 10. El siguiente. Y salgo del lugar y vuelven las peleas internas.
Dicen que la meditación relajadora consiste en olvidar o dejar de centrarse en el pensamiento, donde habita el ego, y centrarse en la respiración. El problema es que yo no suelo encontrar mi respiración, y mira que se esconderá bien, pues si no, evidentemente, yo no estaría aquí. Igual hasta no estoy. Inquietante.

Pero también dicen (se ve que soy muy documentado y pavimento de citas célebres y científicamente probadas las calzadas de los textos) que para huir del pensamiento agotador se puede atender a lo interna o externamente vital. A lo que "pasa".
Y ahí me lanzo. Escucho a mi cuerpo sin música, y los músculos me agradecen la atención mientras camino, y me responden bien, pues el de las agujetas de andar mucho, es un "dolor" que no sería casi tal, pues produce placer el  hecho de sentir las piernas, avisadas por un relativo cansancio vital que va descansando con el movimiento.
Y ha salido el sol. En grande. Cielo azul. Y el ayuntamiento me parecía muy bonito. Entonces me he puesto música en los oídos. Y sólo escuchaba la música, no a mi cabeza.
Y por primera vez he visto San Sebastián. Por primera vez he disfrutado de ella. He viajado a una de las ciudades más bonitas del mundo, donde vivía desde hace cuarenta años. Y la arena en marea baja, y el mar, y esa isla majestuosa, y el monte Igueldo. No podía parar de mirar la naturaleza de una bahía que se excede en belleza. 

Y yo estaba unido al paisaje y a la música y no me importaban los pensamientos, pues estos me han dejado, y cómo he disfrutado. Y entonces he pensado que la oscuridad de la mañana, donde mi cuerpo pedía hora de siesta pronto, ha sido un buen puente para llegar a este lugar. Agárrate aquí. Agárrate con fuerza. 
Aquí estamos bien de momento.

martes, 14 de marzo de 2017

CICLOTIMIAS EN ESENCIA

Ciclotiamia: wikipedia.


"Se caracteriza por la presencia de múltiples episodios de hipomanía (ánimo y energía elevados) con o sin irritabilidad, junto con episodios alternantes de depresión leve o moderada que no llegan a cumplir los criterios básicos para el diagnóstico de un episodio depresivo mayor." Wikipedia también es humana pues las cosas nunca son exactamente como indican diccionarios. Menos mal.

No me considero ciclotímico, sí bipolar, lo que pasa es que llevo una racha de estas.

A la mañana entrevista a una política de servicios sociales. Hablamos con una persona que me quita de golpe todos los prejuicios y abanderamientos previos. Es una persona. Pero como pertenece al PNV se me habían metido clichés anteriores el sábado, cuando me enteré de la entrevista. Para que luego me queje de tópicos, clichés y estigmatizaciones de otros hacia nosotros. Porque ¿dónde terminan los otros y empezamos nosotros?. ¿En siglas? ¿Y las personas? ¿Dónde estaba tu humanismo al etiquetar?

Porque  esto pensé el sábado por al mañana: "Ah, del PNV, partido inmovilista aficionado al sillón, estéril, de derechas y conservador, no hacen nada; por ultra--capitalistas muy disimulados"

Repito, me encuentro con una persona y le creo, y se me caen etiquetas. Una buena persona. Una política pero buena persona y esforzada, con buena voluntad y sensatez, que nos ha toreado con cariño. Y quizá torear no sería la palabra. Muy agradecido. Marcho a otra plataforma. Son las 13:45 cuando trato de seguir con un libro que va por buen camino. Hundimiento.

Hundimiento. SOS. Vacío. Hueco impresionante en el estómago y en el pecho, todos los hilos del sentimiento, prietos en un punto somatizados. Acudo a la cafetería. Café con leche con palmera. Le cuento a una compañera mi directo. Voy, voy, voy, hablo. Tengo que salir a la calle a respirar, las aguas asoman de las pupilas al borde. Mi mente corre, dice palabras, taxi, casa, cama, esto es terrible, me quemo. 
Pero no. Tengo la fortuna de parar y observarme, respiro y trato de no pensar, el dolor es grande, y lo miro. El ego de la victima o del héroe supuéstamente admirable que "controla" la situación desaparece y el dueño de este cuerpo no  desea depender del aplauso.
El ego desaparece cuando me observo como objeto de estudio. Cuando me escribo en público y me muestro por si de algo ayudo o me ayudo; por si mostrándome en público me puedo ver desde fuera junto con los demás, que observamos una situación ni mejor ni peor que otras. Esto es así. Me observo. Me quedo quieto. Vuelvo con los ojos secos. Hablo con la compañera. Viene otro. Nos sonreímos. Nos compartimos. Nos sonreímos otra vez. Nos damos calor de hoguera en otro día húmedamente lluvioso. Estamos. Somos en dolor y alegría. Tengo el don de la escritura en contra del defecto de fábrica, otros tienen otros dones. Van calmándome, voy calmándoles...

María Martin, Cinta, Ana, Carmen, Julia, Maria Carmen, Ignacio, José María y compañías, vamos estando, vamos viviendo. El partido sigue y nadie es más que nadie. Ni tampoco menos. Un abrazo que os abarque. Y gracias por las identificaciones. Somos humanos para lo bueno, y lo malo nos puede hacer mejores. A todos. No cejéis. Es verdad que a veces el miedo nos quiere hacernos encerrar.nos empuja a desoír a la VIDA. Estamos, seguimos, nuestro calor da nuestro color y nuestro calor y color es importante. Es lo más importante. Gracias a quien me dio el don de juntar letras que tanto me calma, que tanto calor me da y que tanto me pone en contacto con el color y calor de otros.
Quiero, amo,  y eso está por encima de todos los defectos. Con eso basta.
Con eso nos debe de bastar, aquí estamos todos con defectos. Pero podemos amar a pesar de todo.
ESO es lo esencial.

lunes, 13 de marzo de 2017

LA HIPÓTESIS REINA


Después de que muchas creencias que se creían certezas antes del "desastroso" siglo XX (sí, ha habido mucho bueno, pero no se pueden apartar de la vista dos guerras mundiales, o que ha sido el siglo en el que más humanos han muerto a manos de otros humanos, y el siglo en el cual el hombre ha dañado más a la tierra)  quedan muy pocas certezas universales en este más que crítico comienzo del siglo XXI. El relativismo todo lo permite, pero creo que no queda otro remedio que mirar el mundo sino desde ese lugar.

Por tanto casi todas las opiniones son hipótesis, por puntos de vista contrarios, aunque a veces paradójicamente complementarios.
Nos hemos quedado sin agarraderos y cada día resolvemos el mundo diciendo cómo es la vida. Bueno, algunos tienen la decencia de poner un "creo que" antes de opinar. Otros sueltan sentencias del porque lo digo yo; y yo de eso algo SÉ, añaden (o sea, todo, según el que opina).

Yo tengo mi propia hipótesis. Pienso que caí por haberme exigido demasiadas cosas y la cabeza hizo pum, y por otras cosas también caí.
La vida es dolor pero también es alegría, la vida es todo y cuando duele o entristece prefiero no verla como una carga y una batalla constante donde no hay descanso ni tregua. Prefiero rendirme ante lo negativo sin resistirme a él, para que lo negativo no tenga a quien atacar, entregarme en cuerpo y alma a la experiencia, venga como venga, y tener derecho a encontrarme triste a veces y SER y existir sin más.

Y tenemos mucho algunos. Unas grandes fortunas no catalogadas en millones. Comidas, medicinas, techos, amigos, pareja, amor, música, libros, árboles, mar, lluvia, sí, hoy llueve, ¿pero no puede ser hermosa la lluvia? ¿No es mágica? ¿No es un milagro alucinante el campo y el viento que mueve los árboles? ¿No es alucinante que me esté comunicando por una máquina con diferentes y diversas almas que están lejos geográficamente? 
Es vivir, que duele, que se siente, pero que llena en su sentir a veces, de carcajada inesperada, que sabe bien ese café con leche, que suena genial esa canción, que tenemos luz en casa cuando está oscuro por la calle. 

Y todo esto sería mi planteamiento. Positivista, conformista, ingenuo o buenista, (tú ponle el nombre que te apetezca), y que no tiene en cuenta todo el peso negativo que no nos dejaría valorar todo eso que te digo, según tu hipótesis, que yo respeto.

Pero esto es todo lo que hay. Que es poco o mucho, según a donde conduzcas tus ojos y no tengas que marcarte hipótesis existenciales hacia el futuro y el presente o pasado y no necesites preocuparte de todos tus problemas. Los problemas van a seguir estando te preocupes por ellos o no y no van a ser mejor resueltos por pre-ocuparte todo el tiempo.

sábado, 11 de marzo de 2017

ENFERMEDAD

Amiga enfermedad:
Me dirijo a ti desde aquí. Esta tarde estuviste más empeñada conmigo. Pero caemos los dos. No considero ya que me haces caer y no me quiero enfadar contigo. Donde mis sentimientos se intensifican con tu presencia en gran serotonina hacia la cumbre, también lo hacen en baja serotonina hacia el despeñadero más abismal del sentimiento. En unas horas, en minutos los últimos días.

¿Sabes una cosa? Reconozco que me das algo de miedo porque daño haces pero no me queda otra que unirme a ti y caer agarrado a ti al despeñadero, sabiendo que me levantaré. Y duele y nos sentimos perdidos y no sabemos por qué, amiga enfermedad. Pero si tú no fueras tan dura y no hubiera decidido responder o responderte con paz y amor, a pesar de no ser capaz de responder a quienes me responden, todo sería peor, por experiencias pasadas.
Y al final, en estas letras y palabras te me muestras y no sé separar entre mi persona y tu presencia acentuada con desajustes de sopa química inter--neuronal que me llevan a la ciclotimia de una plenitud que precede al hundimiento. Y un hundimiento que precede a la paz. Este es el cuerpo que me ha venido en suerte y lo acepto.
Y desde mi hundimiento, que es el tuyo y es el nuestro, mi bandera será siempre que pueda blanca y digna, y pienso que cenaré pronto y que no sé nada más, pero hace tiempo que pasó la época de la pelea, de luchar contra ti, que no era más que luchar contra mí y acentuar o irritar más la gran herida que representas y que formas en mí, siendo, TU, ENFERMEDAD, yo a veces, cuando tomabas el control absoluto.
Pero querida enfermedad: tú no eres yo. Yo soy una persona que has elegido acompañar, pero aunque lo has hecho por la fuerza, mi resistencia será pasiva, será la mejor pues contigo tengo que hacer el viaje y es por esto que cada vez te chillo menos, aunque me acabe de descomponer en llanto roto, pero se acabaron hace algo de tiempo ya los porqués, los por qué a mí, porque, en realidad, todos tienen razones para hacerse esa pregunta y la queja no me conduce a nada.
Por eso te hablo en público, por eso dialogo contigo en espejo virtual, por eso te digo que no seré capaz de algunas cosas pero lo seremos de otras y aunque a veces no entendamos nada, esto tendrá un sentido al que me agarro, y si no lo tiene, se trata de que vivamos, a pesar del interrogante, y recordar que al final la vida no suele ser para tanto y no tiene la exagerada trascendencia que le damos tú y yo a todo.
Descansa conmigo, querida enfermedad.

miércoles, 8 de marzo de 2017

UNA VIDA ORDENADA en CAOS


   Cuando pretendes agarrar las situaciones y solucionar el puzzle y darle un sentido y poner luz, es entonces cuando, tras un inesperado estremecimiento de las ideas que se confunden en tu interior formándote una ensalada de orgullos contrapuestos, pareces encontrarte en una vida que sólo obedece a las matemáticas de un relativismo en instantes perverso, en instantes glorioso, y entonces se abren las compuertas que bloqueaban unas emociones que creías tener ordenadas y se abalanzan sobre ti y te derrotan hasta la extenuación y se ceban contigo y todos los demás, cada día...
       Y te derrotan y no lloras y si lloras a quien le importa si quien lleva tilde y si pasa lo terrible que pase. Que ya está bien de asustar, entra lobito, entra ya y quédate a gusto.
          Y es entonces cuando te das cuenta de que unos cuantos (no me gusta generalizar y por eso no digo todos) andamos jugando con la doble baraja. Que cuando aquí nadie admite ser políticamente correcto, unos cuantos lo están siendo demasiado.

       Y entonces, cuando ves que vas a caer pues no le ves ningún puto sentido a NADA, pues todo son palabras palabras palabras, argumentos idearios y propuestas que escapan al sentimiento más hondo y verdadero, al único, que no hay forma de cogerlo pues está oscurecido por muy bonitas pero ineficaces propuestas y joder, todo es humo, todo es mentira ante la inasible verdad así que lo único que quieres es meterte algo y meter la cabeza debajo de la almohada y que te despierten el día en que este puto mundo sea de verdad y no un caos pretencioso que juega con tus ideales y buena voluntad y en un momento, pum, te los pudre ante el espejo, te pone la pistola de la duda en la sien, como constante diario, y te golpea una y otra vez hasta no poder más y te deja K.O. 
    Y ya está bien, puedes decir ya está bien todo lo que quieras que la vida sigue jugando contigo en momentos crueles y oscuros. Y si te parece que estoy con la pena en la boca es que eres el primero que está mintiendo pues tú llevas una sonrisa de payaso en la  boca y te miro a los ojos y veo que no haces otra cosa que creerte importante, y sentir pena en silencio por ti mismo y no aguantas ver en otros aquello que rechazas en ti por eso vas a por ellos...

     Así que si quieres ser coherente en una vida absolutamente incoherente y decirme como son las cosas, entonces no tomes coca cola cada vez que hables mal de Estados Unidos, o mejor no vivas, pues ya viviendo estás siendo incoherente.
       Angry!!!!

sábado, 4 de marzo de 2017

LA TELE


Hacía tiempo que no me ponía a ver la tele; menos mal que en la sexta noche están en anuncios,
pongo antena tres, cine de acción, duelo Sean Penn Javier Bardem, tiros y sangre,
antes de tiros y sangres la conversación tenía miga, ahora me tienen mirándoles dispararse a Penn contra otros, matarse, porque Bardem ya está muerto,
y antes de cambiar de canal hay que reconocer,
que decidí ser yo quien eligiera lo que hacer, lo que ver, o cuándo hacer o cuándo ver,
sin saber que me estaba echando mucho peso, y aunque escribo un libro que alcanza veinte páginas, está bien, pero te metes en una cárcel, por elegante que vaya quedando, y te asfixia tanta decisión total sobre todo TU día, en todos  los terrenos, y al ser mucho peso,
pones la tele, y hasta los anuncios que hace años evitabas, los recibes cual buen encajador, que sean ellos quienes manden esta noche mientras espero una publicación de domingos a la madrugada. Y los cinco minutos de anuncio atontado me hacen olvidarme de mí y entiendo al televidente recurrente.
Y me libero de mí y de mi mundo y mis constantes decisiones y de su peso, dejándome ver la tele, y no está tan mal. Vuelve el tiroteo...No queremos violencia, pero vaya, parece que necesitamos verla en la ficción. Acción.....

viernes, 3 de marzo de 2017

ANTOLOGÍA DEL DESPISTE (II)

         La porción de musgo artificial, que Ainitze había colocado en la pared (también como símbolo navideño) en el siglo y milenio anterior, nada menos, seguía en ese mismo sitio a finales de Septiembre de aquel mítico año 2001. En esa época, una chica muy seria, que iba ser una nueva compañera de piso (David y Aitor ya se habían ido en Julio a sus respectivos nuevos destinos), al ver  por primera vez nuestra vivienda y mientras miraba fijamente un poco escandalizada en dirección a la porción del musgo artificial de la pared, me soltó: “La verdad es que en navidad no estamos”. Me contuve de decir que sólo quedaban tres meses para dicho evento y que, haciendo una especie de enlace entre la navidad anterior y la que estaba por llegar, podíamos mantener el musgo artificial  allí donde estaba, hasta el no muy lejano 24 de Diciembre (para evitarnos el pequeño engorro de quitarlo y volverlo a poner), y entonces el dichoso elemento  (me niego a nombrarlo otra vez) cumpliría perfectamente su función, pero como no quería que me tomara por un majara nada más entrar, me callé. De todas maneras, y ya sólo por los problemas que me ha dado en este párrafo, me tomo la licencia absolutamente libertina de decir que odio EL MUSGO, ya sea real o artificial, desde este mismo momento, con todas mis fuerzas, que no le veo ningún sentido navideño y que me provoca una sensación de  lo absurdo tan grande, que si sobreviví a él creo que fue porque nunca reparaba en el hecho de que vivía con su compañía cotidiana; mi cabeza solía estar ocupada en otras cosas, muchas veces seguro que totalmente inútiles, como para solucionar nada práctico. Pero ahora mismo no se me ocurre nada más inútil,  y hasta estúpido que una porción de lo reiteradamente nombrado,  pegado a la pared de una casa.

El arroz. Yo no sabía cocinar, pero hacía arroz. Un día, mientras estaba comiendo mi preparado de dicho alimento, David lo observó con irónica curiosidad y me dijo: “Oye, perdona, ¿Me dejas probarlo?” Claro, le dije. Él: “¡Está duro!, ¡¿Pero tú, cuánto tiempo le has dedicado a esto?!” Me llevó a la cocina, echó el arroz en la olla y dijo “Tienes que ver que el agua hierva mucho, que haga plof plof…y entonces bajas el fuego y esperas”. Como éstas, muchas. Se me cayó algo al patio de vecinos y estuvimos haciendo pesca con los arpones para la montaña que tenía David para rescatarlo; y ocurrieron muchos pequeños desastres; por suerte, David se encariño conmigo al ver los desaguisados que se podían llegar a producir debido a mi inocente intervención desastrada en ciertos lances domésticos. Será eso de que Dios los cría…
Con todos mis despistes, les volví un poco locos, pese a lo cual, repito, me tenían cierto cariño, porque algunas risas ya les provocaba y me  pasaban mis errores por alto, o se reían de ellos directamente.

El despiste más devastador, o que produjo consecuencias de ese tipo, se produjo precisamente el último día en que Aitor dormía allí; sería el 29 o 30 de junio. No dejaré escapar que ese mismo día David nos llamó desde Vitoria, donde vivía, diciendo que se había dejado en casa todas las llaves. Bien, lo de las llaves es algo que David y yo en aquella época no teníamos muy controlado. Luego contaré los quebraderos de cabeza que me dieron a mí en Galway, pequeña ciudad de Irlanda.
Pero vamos con lo mío. Yo hacía café, manchando la encimera de polvillo y líquido casi siempre. Es algo que no me enorgullece precisamente, porque un escocés con el que compartí piso, ya me soltó en Irlanda, en Inglés: “Enton (supongo que quería decir Antxon), no sé cómo lo haces, pero hay café por todas partes.” (Él dijo “everywhere” con un tono de exasperación e incomprensión total; lo dijo con todas sus fuerzas); le debía de parecer que eso era difícil de hacer incluso queriendo. Volviendo a ese último día con Aitor: Nuestro hombre de ciencia iba a preparar una cena especial (pato o pavo creo que era; apostaría más por el pavo) pues venía también su novia y  el “incidente” tuvo lugar en la preparación de esa cena. Antes de que Aitor viniera a prepararla, hago café y no llego a tiempo de apagar el fuego sobre el que estaba situada la cafetera,  sin poder evitar por tanto que el café salpicase la punta de un salero enorme que teníamos. Vale, no pasa nada, hay que limpiar de café ese salero. El café había caído en la tapa y supongo que yo me quedé con ella en la mano, después de destapar el dichoso salero para limpiarlo, y al cerrarlo, ay, al cerrarlo, pues no debí de enroscar bien. Por lo tanto aquello no estaba completamente cerrado. Yo, ni idea.


 Salgo a la calle todo feliz y un tiempo después llego despreocupado y silbando por el pasillo. Se oye un grito desde la cocina; es Aitor, que me reconoce por mi característica costumbre de entrar silbando: “Antxon, te voy a matar; te voy a matar Antxon”. Huy, qué habrá pasado pues. Lo que pasó: Aitor estaba cocinando su plato estrella con bastante entusiasmo, cuando llegó el momento de echar la sal (sí, la sal), y se estaba despidiendo  del que iba a ser un nuevo inquilino al día siguiente (el cual resultó ser algo más que ligeramente miserable, por cierto) a la vez que dio la vuelta al salero. El tapón, que tenía unos agujeritos para dosificar la cantidad, se fue abajo y con él una cantidad de sal bestial…Solo podía haber sido yo. Creo que me dijo que se le ocurrió probar un poco con una cucharilla y que casi se ahoga. No sé cómo se arregló la cosa.

jueves, 2 de marzo de 2017

LA VIDA MISMA/EN BREVE


Al anochecer, a oscuras, entran por tu cabeza huracanes terremóticos, que te hacen temblar hasta en las entrañas más vitales,
y te asustas, y qué va a pasar, y ¿ya dormirás? 
Y lágrimas de desconsuelo piden cola para salir a pasear tu rostro,
y dices, a maldormir, esto, esto qué es,
y duermes, y sueñas, y el subconsciente te secuestra,
hasta que seis horas después el "consciente" te levanta del ejercicio, seis horas y media ¿siete? ¿he dormido siete? ¿Es suficiente? 
Y te levantas, y tu madre sonríe ante tu rostro claro, y hay sol de invierno,
y desayunas, y no hay guerra ni muertos, hay brisa,
privilegiado paseo, aunque duelan las piernas, y por la tarde, 
tras tus trabajos, ves, ríes, la calle se mueve, el ritmo es viernes y
la calma y la alegría,
luego suele llegar otra vez la noche con los terremóticos huracanes, 
es entonces, entonces amiga, cuando debes de pensar,
mañana, mañana que casi es ahora, mañana brillo de nuevo.

ANTOLOGÍA DEL DESPISTE (I)




 Entré a vivir en el número X (vaya, tú que presumes de memoria, no te acuerdas del piso ni de la puerta; puede que fuera el cuarto piso) de la calle de     Isabel II del barrio de Amara de San Sebastián, el 5 de enero (y esto podría no ser exacto, pero por ahí andaría) de 2001, cuando los presuntamente más sabios decían, que, entonces sí, en aquel año, en concreto, a las doce de la noche del 31 de diciembre de 2000 y no al empezar éste último, había terminado el siglo XX, aduciendo que el año 2000 era el último año de dicho siglo y no el principio del XXI. Como a la gente le importaba un rábano la rigurosidad de los más ortodoxos, todas las celebraciones en este sentido (me pregunto por qué había que “celebrar” un cambio de año, de siglo, incluso de milenio) ya se habían hecho al entrar en el año 2000 y al final de este año no aparecieron todos los eufóricos de las serpentinas y el champagne y del feliz siglo nuevo del año anterior.
     La gente había entrado pues, mucho más moderadamente en el año nuevo aquel. Al contrario que yo, que por primera vez en mi vida, dejaba el piso de mis padres y me aventuraba a vivir en solitario sin mucho dinero en el bolsillo.
Mis geniales compañeros se llamaban David y Aitor; este último me acogió con  cariño, diciéndome sinceramente “esta es tu casa ahora”. Menos mal que hay gente así en el mundo. Poco antes de entrar yo, David, un licenciado en Historia que trabajaba en una radio, y que no era tan despistado como yo, pero con todo, se las traía también en ese terreno, ya había hecho alguna cosa genial en el mundo del despiste… Cuando me la contó él mismo, yo ya le conocía lo suficiente y no me extrañó demasiado, pero no dejó de hacerme su gracia… Resulta que David, que al igual que Aitor tenía una gran afición por las bicis, tenía problemas con el hinchador de las ruedas. Por alguna razón que se me escapa pensó que dentro del congelador, el hinchador podría sufrir algún cambio favorable para corregir el defecto que, por lo visto tenía. Me apresuro a decir aquí que David era y es un tipo muy listo y al que aprecio mucho por cierto (en fin, si es mi amigo, qué voy a decir). Además, podría tener razón en lo del congelador. Pero el caso es que en cuanto hubo introducido el hinchador  en el congelador de la nevera y nada más cerrar la puerta de éste, David se olvidó completamente del tema y siguió viviendo un tanto distraidamente como es su costumbre.

Antes de llegar yo, David y Aitor compartían el piso con una chica llamada Ainitze. Ésta trabajaba en una especie de laboratorio de bioquímica, lugar donde conoció a Aitor. David vivió tres meses en el mismo piso que Ainitze. Lo preciso porque otra peculiaridad del hombre era que le costaba, y le seguirá costando, recordar hasta el nombre de quien tiene delante. Una semana después de la historia que he contado antes, David abrió el congelador y en él se encontró con, UN hinchador. Esto es muy fuerte. Empezó a preguntarse asombrado (me lo imagino a la perfección, con la mano derecha colocada encima de la cabeza como hacía cuando Aitor le escondía el té verde y él era incapaz de encontrarlo), a quién demonios se le habría ocurrido meter aquel artilugio allí.

“Claro, estos tíos de la ciencia, Elixabete  (no dijo Ainitze, por lo menos cuando me lo contó; y vivió con ella tres meses) o Aitor,  igual habrán pensado que el frío y….” Y entonces se acordó. Que me perdone David pero yo lo convertí en uno de mis héroes personales cuando yo llevaba saliendo más de siete años con S., él la conocía y un día me dio recuerdos para “Sonia”. Y S., se sabe, nunca se ha llamado así.
Pero vamos a dejar al fenómeno, que el que más meteduras de pata de ese tipo hizo, o mejor dicho, el que más despistes fuertes tuvo, fui yo. Antes de irse y de que yo le sustituyera, Ainitze había colocado en  la casa, un árbol de navidad, algo parecido a un musgo artificial por las paredes, algunas  guirnaldillas… Qué sé yo; como era navidad pues se hicieron estas cosas propias de estas fechas…
Bien, no es que pasásemos del tema, es que me parece que no le dedicamos ni un minuto a plantearnos (casi a finales de Enero  y cuando la navidad era historia) si el hecho de que el árbol siguiera allí, tenía o no algún sentido. No creo que nos importase, que, aquello, convencionalmente, podía estar fuera de lugar. Sí que nos dimos cuenta de que los tres compartíamos cierto desinterés y despiste por algunas cosas…Pero yo destacaba y mucho…Tanto, tanto,  que un día en el que se me ocurrió decir “Joder, es que, qué despistados somos los tres”, ellos pegaron un rápido bufido mirándome como diciendo, eh, qué aquí hay niveles y tú te sales chaval.           


Y era verdad. El árbol de navidad desapareció un día pero David y yo no nos dimos cuenta del hecho hasta que Aitor me contó que lo había tirado a la basura dos días antes. Se lo conté a David, que al igual que yo no se había enterado del cambio y dijo: “Ah, es verdad”. Cuando le conté esto a Aitor, él exclamó “¡Qué tres, qué tres…!”