miércoles, 9 de marzo de 2016

HOLDEN CAULFIELD


      En la universidad, me obligaron a leer "Zekale artean harrapaka", de un tal J.D Salinger. Me alegro de aquella obligación, fue un placer leer ese libro. Era la traducción al euskera del libro "The catcher in the rye" o sea "El guardián entre el centeno", en castellano.
      
       Cuando me dio muy fuerte por el Inglés lo  leí en ese idioma. También quedé admirado. Me cayó bien Holden Cauldfield, el protagonista. En literatura se le ha puesto como el arquetipo universal del adolescente. Algunos dicen que refleja bien la adolescencia. Yo me sentí identificado con el tal Holden. En cuanto a los  que dicen que Holden Cauldfield es una especie de arquetipo adolescente, tengo que decir que en mi adolescencia había en mi clase, personas (evidentemente, adolescentes) que en su salvajismo, convertían a Holden Cauldfield en un santo. Ese es el problema de los arquetipos y de las generalizaciones. Hay rasgos comunes, pero pienso que cada adolescente tiene características diferentes y que los hay de todo tipo. En mi caso, recuerdo que mi adolescencia fue una agonía, en la que no se me ocurrió, en ningún momento, que había formas rápidas y eficaces de salir de ella.

       Estoy leyendo en estos momentos un libro titulado "Oona y Salinger", a la vez que releeo con calma el libro "La ridícula idea de no volver a verte" de Rosa Montero.

            El libro "Oona y Salinger", está escrito por Fréderic Beigbeder. Beigbeder ya me demostró hace tiempo, en su libro "13'99 euros", que podía ser más bestia, cínico y cruel, que los adolescentes, que, siendo yo adolescente, convertían a Holden Cauldfield en un santo; bueno, por mucha razón que Beigdeber tuviera al criticar el marketing de Madone (Claramente Danone) en el libro "13.99 euros", se pasa cientos de pueblos.
      
         En el libro  "Oona y Salinger" Beigdeber se modera más en ese tono, pero parece dar a entender que, en el fondo, él se identifica con el protagonista de "El guardián entre el centeno". Quizá le he interpretado mal pero me da la impresión de que va incluso más lejos, pues parece dar a entender que todos somos "Holden Cauldfield". Aunque quizá citar lo que dice, colándose en una historia que dice que está basada, siempre según él, en hechos reales, sea más efectivo que nada para ver si estoy equivocado. Hablando del ser humano del siglo XXI, en la página 65 de la edición en castellano de Anagrama, dice: "Vivimos en la era salingeriana de la indeterminación orgullosa, del lujo sin un duro, del conformismo de la revuelta endeudada. Tenemos una sed infinita de placer, de felicidad, de amor, de reconocimiento, de ternura. Una sed que nunca se verá calmada por el simple consumo ni por la religión." Aunque no me gusta que un autor, en medio de una novela, pontifique de forma determinista sobre temas universales, en ese extracto, por lo menos se agradece que  Beigdeber utilice la primera persona del plural. O sea, que se incluya. Aunque yo no esté del todo de acuerdo con esa opinión algo gratuita.

       Lo de la primera persona del plural se echa mucho de menos en el siguiente párrafo cruel, en donde esa primera persona del plural desaparece y se utiliza la tercera persona del plural, en plan, "ellos son lamentables". Pues no cortándose un pelo dice lo siguiente:
        
           "El mundo presente está habitado por seres horrorosamente independientes, acomplejados, insatisfechos; enamorados incapaces de amar, ovejas que se niegan a ser ovejas y aún así pacen, imaginándose al margen del rebaño ; en definitiva, unos excelentes clientes para Freud, Buda, Fashion TV y Facebook."
          
          Es muy difícil ser más cruel y cínico con el ser humano contemporáneo, con tan pocas palabras. No hay ningún "desde mi punto de vista" o un "suelo tener la sensación" o un "me parece". No se asoma por ningún lado, un, por mí deseado   e incluso necesario "me da la impresión". No, los demás son así; punto. Las palabras que van desde "horrorosamente independientes" (incluidas estas, claro) hasta "rebaño" (también incluida) dan la sensación de que para Beigdeber los seres humanos actuales son todos discapacitados intelectuales (antes mal llamados "retrasados mentales" y a los que luego quiero hacer justicia) y que Freud, Buda y Facebook, son tres entes absolutamente incapaces de resolver nada, sino sólo de aumentar o confirmar la imbecilidad intelectual y ética de sus clientes. A mí el facebook me da vida Beigdeber, y mis creencias fuerza. Quizá sea porque soy tan imbécil como dices que somos los demás.
     
        Sobre la Fashion TV yo no puedo decir nada, pues no tengo datos para juzgar. Hablo en serio; pues si la Fashion TV es lo que yo interpreto que es, tengo que confesar que nunca he tenido paciencia para aguantar más de cinco minutos viéndola, y por tanto, no se puede juzgar por prejuicios sobre lo que uno no ha podido ver en su totalidad.
        
        Mi sorpresa llega cuando veo que Beigdeber tiene su página en Facebook. Por tanto esa tercera persona del plural es doblemente infantil.

        Y es aquí cuando debo de decir que he tratado mal al colectivo de gente con "discapacidad intelectual", pues es gente mucho más amable en su forma de dirigirse al prójimo que Beigdeber. Es aquí cuando pienso en la reconfortante solidaridad y capacidad de compasión de Rosa Montero, en sus ensayos, en sus artículos, en sus libros en general. Es aquí cuando vuelvo a recordar a Sancho Panza, hacia quien volveré, pues lo tengo muerto de sed en el campo después de haberse pegado una comilona en medio de ninguna parte con su amo; comilona que se han pegado olvidándose de algo básico desde el principio. No tenían ni agua ni vino. Y es aquí donde pienso que leeré el libro de Beigdeber entero, pensando que de los cínicos y de los que se pasan de listos también se aprende algo. Ya voy por la página 95.

         Pero por encima de todo, siento muy claramente que el Holden Cauldfield que Fréderic Beigdeber conoció por medio de la novela de Salinger, no tiene nada que ver con aquel a quien yo conocí. Holden dice, hacia el final la novela "El guardian en el centeno" y quizá diciéndoselo a su querida hermana Phoebe, que lo que él querría hacer en realidad en su vida, sería ir salvando a los niños que fueran a la perdición, atrapándolos y salvándoles entre el centeno de caer a un precipicio (hablo de memoria, consciente de que esta me pude fallar). A pesar de estar hecho un lío con sus quince o dieciséis años, pienso que Cauldfiel tenía buenos sentimientos, así como seguro que los tendría Salinger cuando lo creó. Pienso que, quizá, Beigdeber piense que "los buenos sentimientos" son una mariconada.

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