lunes, 2 de mayo de 2016

TODAS LAS ALMAS DE MARÍAS

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Marías me gusta. Pero muchas veces no.


 Querido lector, si no soportas a Marías en sus artículos, no dejes de leer hasta el final, porque aunque hablo bien de sus novelas, dejaré claro en dicho final por qué pienso que sus artículos son inadecuados. Esta trampa que te hago es para que te leas mis párrafos anteriores.

Soy un lector absolutamente desastroso y caótico. No me van las novelas de acción; no sé lo que me va.
Pero a veces suceden cosas extraordinariamente bellas. Llevaba (y llevo) unos días en que parece que tengo la cabeza en los pies y viceversa, viviendo una especie de vida interior cercana a lo alucinatorio. Sólo el que me haya leído puede saberlo. Los de alrededor (físicamente) ni se han enterado.
Entonces pongo en mis manos un libro de bolsillo de título "Todas las almas" de Javier Marías, publicado en 1989; me lo leí hace 14 años, tras otros libros de Javier Marías novelista; he vuelto a él con calma, y, párrafo a párrafo, línea a línea, palabra por palabra, el narrador me adentra en un mundo donde el detalle es el que adquiere protagonismo (no os olvidéis de los detalles, de los esenciales (o preciosos) detalles, decía Nabocov; eso o algo muy parecido, creo recordar; pero a Nabocov no he podido leerle, aunque pienso que esa cita suya existió)); y en frente de ese libro, me siento protegido por sus suaves párrafos, por lo bonito que puede ser lo intrascendente si es contado con cierta melancolía, una reflexión serena y algo (no mucho) de humor.

Y entonces ese libro me sirve de descanso y puedo leerlo despacito, es un remanso de paz. Así como en "Corazón tan blanco" o en "Mañana en la batalla piensa en mí" (los dos primeros libros que le leí a Marías), la vertiginosidad de la expresión del sentimiento por medio de un pensamiento selectivo, te hace entrar en un ritmo frenético (pero atractivo a la vez), en este libro, sin embargo ("Todas las almas"), de la misma forma que en el Oxford que se nos describe, el tiempo va despacio pero suave, y por medio de una mezcla de acontecimientos aparentemente insignificantes pero con un fondo de remanso de paz melancólica, uno no puede más que sentirse agradecido al narrador que crea  Marías, que es el autor, pero este deja bien claro que él ya no es el que era cuando se narra a sí mismo Mucho mejor.

Resulta que este hombre, que en lejano 1989 hizo algo que yo leo con placer y serenidad, algo bonito, de hecho, en el actual 2016, sigue desde hace tiempo de los nervios; o eso dejaba entrever en los artículos que yo le leía hasta hace poco. Solía insinuar y hasta decir que no se sentía cómodo ante toda la estupidez que le rodeaba. 
Qué contraste. En los artículos, enfadado con el mundo. En este libro, mostrándonos su mundo de forma delicada, sensible (bueno a él, cómo es un tipo duro, esta palabra no le gustará nada pero...) y sosegada. Es una monotonía encantadora. Si es que esas dos palabras pueden ponerse juntas. En este caso, a mí, me parece que sí.

En mi opinión desde el segundo libro de la trilogía “Tu rostro mañana”, a Marías empezó a patinarle la mandarina también como novelista. Bueno, yo estaba mal y mi opinión es demasiado subjetiva, pero me empezó a parecer que había empezado a publicar el mismo libro que los que había escrito hasta entonces.

Creo que enfadarse con el mundo entero cada Domingo no le hace nada bien como persona. Y estoy seguro de que cuando escribió “Todas las almas” era un ser más sosegado y mucho menos enfadado que el articulista que escribía una columna cada domingo de marras,  descalificando a todo bicho viviente,  hasta hace poco (y tengo que decir que hasta hace poco porque hace un tiempo que no le leo; puede haber cambiado pero lo dudo); sí sé que su amigo Pérez-Reverte, se presenta como Marías se presentaba. Cometí el error de leer a este último hace poco (en forma de artículo dominical) y casi vomito. A mí quien me gusta como articulista, y mucho, es Rosa Montero.

Ahora bien, ese libro a mí me está haciendo bien. Y tengo cierto cargo de conciencia por haber aparcado una novela de Rosa Montero. Pero me queda por repetir “El amor de mi vida”, que es un homenaje precioso que le hace Rosa Montero a la literatura por medio de diferentes escritores o gente célebre que escribió o dejó dichas cosas que llegaban a escandalizar; como Darwing con la evolución de las especies. Montero emociona cuando habla con emoción de aquellos libros que le han servido para vivir más (por contradictorio que parezca)... Y volveré a la novela de Rosa cualquier día, se lo merece...

Y una última cosa: sobre Marías: decir como dijo él que había que poner filtros en internet porque había gente que se creía con derecho (cómo se atrevían) a descalificarle a él o a Pérez-Reverte o a Vargas Llosa, es olvidar que él se metía (cuando lo dijo) con todos nosotros cada Domingo, y que siempre ha criticado la censura. Lo de los filtros huele demasiado a censura. Bonito “Todas las almas” sin embargo.

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