domingo, 14 de febrero de 2016

LOS ANTI-MEDICAMENTO

      Este cansino seguirá y seguirá volviendo sobre un tema en el que está en juego la VIDA de algunas personas; cada vez que este cansino opine que hay despropósitos al respecto.
     Había otra vez un batería de un grupo de música español. Los que le conocieron, dijeron que, estando medicado (padecía un Trastorno Bipolar), era  muy buena persona. Cumplía perfectamente con todos los compromisos de la banda en la que tocaba; su mujer le quería horrores.
      Un psiquiatra, como le veía muy bien al hombre (de la misma forma que a mí me ven muy bien a pesar de estar altamente medicado) decidió, así, de golpe y porrazo, suprimirle la medicación. Toda. De golpe. Aun cuando no esté demostrado que ese hombre necesitase medicación (de la misma forma en la que no está demostrado que exista Dios; al fin y al cabo nuestro cerebro se mantiene en el mismo misterio y silencio que Dios; el cerebro, diga lo que diga la ciencia, sigue siendo el gran desconocido, diga lo que diga también Internet al respecto; yo de este desconocimiento, un poquito ya me sé), aunque no esté demostrado que la salida sea el medicamento, digo, hay algo que el psiquiatra de este hombre debía de saber y que es de manual. Si tú acostumbras a un cuerpo, durante años, a una medicación (y repito, el hombre estaba muy bien, incluso a pesar de estar medicado, me atrevo a decir) que en el caso psiquiátrico es adictiva, este hombre, enfermo o no, va a padecer un mono de crisis de ansiedad monumental. El psiquiatra no lo sabía. Pienso que, por lo menos para el último año de especialización en  psiquiatría, esto ya debería saberse. O más grave, un psiquiatra que hubiera leído, como debiera ser, los prospectos que acompañan a la medicinas que recetara o suprimiera, no haría esto. Parece que el psiquiatra ignoró al mismísimo Vademécum.
      Consecuencia; llega el inevitable estado de bestial ansiedad de este hombre, cuya cabeza empieza a regir muy confusamente. Está en casa, con su mujer, muy nervioso y mal. No se cuenta lo que pasó en aquella casa, pero se sabe que alguien (probablemente la mujer del batería, asustada por la situación) llama a la policía. Viene la policía. El hombre, cuyo estado interno se subía por las paredes, se dirige hacia un policía con un tenedor (lo del tenedor se dice, lo otro es ambiguo, quizá iba ahí, en el lote también, algún cuchillo de cocina, no se sabe si afilado o inofensivo). El policía lo mata. Uno de ellos le dice a la esposa del muerto que acuda a comisaría a denunciar a este por violencia de género.
      La información que se da en dos periódicos diferentes sobre los acontecimientos, es tan confusa y variable que lo único que se puede saber es lo dicho hasta ahora. Sin embargo, la mujer del asesinado,  lejos de denunciar al marido, dice que era una bellísima persona, que lo amaba y llega a decir "X (el muerto), cariño, no permitiremos que  manchen tu nombre".

       Hay gente que no habiendo tenido enfermedades psíquicas graves (repito, graves (depresión mayor recurrente, trastorno bipolar, o esquizofrenia)) va en contra del medicamento diciendo que provoca efectos secundarios y que sirve para que los laboratorios farmacológicos y las farmacias ganen mucho dinero. Siendo esto último cierto, que alguien me diga qué tiene que ver una cosa con la otra. Porque la gente se forra con los medicamentos, ¿Los medicamentos no son efectivos?
      La medicina psiquiátrica puede provocar muchos despropósitos. Un ejemplo; yo llevaba mucho tiempo tomando una cantidad muy alta de ansiolítico; en noviembre, diciembre de 2015, y la mayoría de los días del mes de Enero, tuve una gran ansiedad cuyo origen no entendía; las cosas me iban bien. Atribuía la ansiedad a este blog y al facebook, que en este momento no me provocan ninguna. ¿Por qué? El problema lo descubrí yo mismo: instrucciones: si alguien lleva mucho tiempo tomando una alta dosis de ansiolítico, puede llegar un momento en que se produzca un efecto paradójico. Paradójico querría decir contrario al efecto que el ansiolítico debería de producir; en origen, el ansiolítico baja la ansiedad. Si se abusa de él durante mucho tiempo, la sube. Sólución química sencilla: bajar la dosis de ansiolítico a la mitad reforzando la ausencia con otro que incida en la ansiedad de forma diferente. Desde el 29 de Enero estoy muy bien y no me da miedo el facebook ni tampoco el blogger. Es más, me encuentro fuerte.  Alguien me dirá que es sugestión, placebo.
       Tengo otra historia. El 12 de mayo de 2008 ingresé en el psiquiátrico de San Sebastián pues una psiquiatra consideró que allí me harían un ajuste de medicación que me sacase del agujero donde andaba metido. El psiquiatra que allí me atendió, aseguró que todo estaba claro. Toda la cantidad de medicación que tomaba, según él, me anulaba (hoy no tomo mucho menos que entonces y que pregunten a quienes me conocen si estoy anulado); había que quitar mucha medicación según aquel psiquiatra; yo ni tenía fuerzas para plantearme si una bajada brusca podría producir efectos de crisis de abstinencia.
          Él médico, para hacer lo que hizo, estaría convencido de que no habría tal crisis de abstinencia. Es llamativo que la doctora que recomendó el ingreso dijera, en un tiempo anterior a dicho ingreso, que yo tomaba mucha medicina pero que si me la bajase estaría mucho peor. Sin embargo, el psiquiatra que me atiende me dice que ha hablando con esa misma doctora y que estaba de acuerdo en la bajada de la medicación. La estrategia del psiquiatra del psiquiátrico (hoy el estilo me importa mucho menos que el contenido) era, te bajo la medicación ( a lo bestia en mi opinión) y tú dinamízate con la gimnasia, la relajación, hablando con los auxiliares y la gente...Consecuencia: ingreso urgente en media estancia, otro centro. No sé cómo será el infierno de verdad, si existiera, que no me lo creo. Pero si existiera, no creo que sería muy diferente a lo que yo llevé dentro de mí durante cinco meses, en el centro de media estancia del que hablo. No tuve ideas de suicidio, porque la bellísima persona que era mi psiquiatra en aquel lugar, me sostuvo día a día, dedicandome a veces más de media hora a mantenerme, aunque fuera, por lo menos, afectivamente. Pero pasado un tiempo sí que tuve ideas de suicidio muchas veces...Demasiadas.
   
          En el verano del año 1995 estuve yendo a un centro naturista, que descalificaba, sin ningún problema (y sin pruebas) el uso de las pastillas psiquiátricas. En septiembre, en la UCI, me daban por muerto, como he tenido que decir en otro sitio.
        Y pudiera seguir y se me haría de noche; ¿Y para qué? Yo he llegado a oír disparates del tipo de "En la revista 'El Semanal' (del grupo 'El Correo Español'), ponía que el orfidal, pasado un tiempo era sólo un placebo, vamos que no hacía más efecto que el sugestivo." Y todos sabemos muy bien que la revista "El semanal" del grupo correo, es toda una autoridad en la materia de la que estoy hablando.
         Y al explicar lo que me pasó con los ansiolíticos de noviembre de 2015 a enero de este año 2016, y sacando de contexto mi explicación, tengo que escucharle a una persona que quiero muchísimo que a ver qué tipo de médico me daba esas pastillas. Pues alguien con cincuenta años de experiencia en ese terreno, que nunca ha excluído de su tratamiento a naturistas, cosa que sí ocurre al revés (naturistas descalificando a psiquiatras) demasiadas veces. Y ese alguien me puso "esas pastillas" porque me estaban funcionando muy bien desde hace casi veinte meses; fue él quien me dio la  razón por el móvil al explicarle lo de la necesidad del cambio de ansiolítico a finales de Enero de 2016; "sin ninguna duda", fueron sus palabras. La psiquiatra de la sanidad pública que me lleva ahora, como he dicho, lo llevó a cabo con éxito, sin que yo le dijera nada.

        Es completamente cierto que una enfermedad psiquiátrica provoca muchos problemas psicológicos (que me lo cuenten a mí), y que a veces, aún estando la enfermedad controlada químicamente, si la persona no está lo suficientemente fuerte psicológicamente, caerá y caerá y caerá. Pero si no podéis demostrarme si es antes el huevo que la gallina os digo esto:
        Así como se le pide a la Iglesia más derechona que deje en paz a los homosexuales, y con mucha razón además, yo pido, desde mi heterosexual condición psíquica, ya no sólo a los naturistas, sino a todo tipo de personas (la mayoría de las cuales no ha tenido nunca una enfermedad psíquica) que nos dejen en paz. Que ya está bien. Que ya iremos por nuestra cuenta a los naturistas si hace falta y si queremos, que combinaremos química con naturismo (¿Por qué siempre excluír  uno al otro? ¿Por qué no unir fuerzas muchas veces?)

      Yo no puedo demostrar nada, pero puedo pedir que se tenga mucho cuidado, no sólo con lo que se dice alegremente sobre estas cosas, sino sobre todo con lo que se HACE. Repito, suele haber vidas humanas en juego.

     Hablando, por último, de medicinas psiquiátricas:  Al interrumpir su consumo cuando hay dependencia se desencadena una reacción grave, aterrorizante y potencialmente mortal, muy parecida al delirium tremens, cuyos síntomas principales son debilidad, malestar general, depresión, temblores, deshidratación, delirio, insomnio y alucinaciones.

sábado, 13 de febrero de 2016

MEMORIA DE UN PROFESOR (PARTE 1)

AGUSTIN HIERRO


Si la infancia es el periodo que abarca el tiempo que hay entre poco después del nacimiento, hasta, digamos, los doce años, donde a los trece empezaría la adolescencia, yo puedo decir que tuve una infancia muy feliz. La verdad es que hasta lo que se llamaba cuarto de básica yo iba a una Ikastola donde estaba bastante integrado; el aprendizaje de leer, sumar y todo lo demás no era nada más que un juego en el que la presión no asomaba por ningún lado y fui muy feliz. Además estaba el fútbol, el eterno fútbol, horas y horas tras las clases ante una portería chutando y jugando partidos, uno tras otro, disfrutando como los enanos que éramos.

Y los partidos en la playa de la Concha, con equipos oficiales de benjamines y alevines y la Real en Atocha, con todos aquellos postes debido a los cuales, había veces en las que no veíamos bien ni al mismísimo Arconada (mítico guardameta de la Real Sociedad); los cromos de futbolistas, las canicas, y un montón de cosas más. La adolescencia fue un periodo de lo más desagradable del que no tengo ninguna gana de hablar aquí. Aunque puede que lo haga alguna vez con tono irónico y si hace falta sarcástico para ajustar cuentas con ese periodo de mi vida.

Cuando iba a pasar a quinto de básica mi madre decidió que yo debía de estudiar en un colegio en castellano porque se decía que en las Ikastolas no se enseñaba lo suficientemente bien, algo que es absolutamente falso. Y sobre todo porque en la Ikastola no se impartía una materia que a mi madre le interesaba mucho que yo asimilara, la Religión Católica. A mí, la religión, como materia, no me ha enriquecido mucho precisamente. Me ha provocado, por el contrario, sentimientos muy encontrados. Aunque soy creyente (creo que quedamos dos o tres creyentes), pasé ciertas épocas creyendo que no creía en nada. No entiendo mi creencia, pero creo que creo.

La verdad es que en principio, aquel cambio de colegio me dolió mucho, pero a ver quién se oponía a la decisión de la madre a esas edades. Además yo era un buen niño que obedecía.

Para colmo, me mandaron a un centro que se encontraba a unos metros de la ikastola donde yo estudié y , cuando yo todavía iba a ésta, ese centro estaba lleno de macarras que daban un miedo impresionante. Ese colegio, se unió al Colegio “Manuel de Larramendi”, o mejor dicho, este último lo absorbió. “Manuel de Larramendi” era un colegio “católico” en sus principios, como lo fue “San Sebastián Mártir” (el colegio absorbido), y anteriormente a ese año, sus cursos empezaban en quinto de básica, en una no muy pequeña ubicación de lo que era, y sigue siendo, el Seminario de San Sebastián.

Justo en el año en el que yo entré a estudiar quinto de básica, se decidió que en la antigua edificación de “San Sebastián Mártir” comenzaran a impartirse los cursos correspondientes desde lo que entonces se llamaba parvulario hasta Octavo de básica (hoy equivalente a segundo de ESO) y lo que entonces eran Bup y Cou se estudiaban ya en las instalaciones del Seminario, situado algo más arriba de las edificaciones a las que he hecho referencia.

Llegó el primer día del curso del antes llamado quinto de básica. Nuestro profesor, se llamaba Agustín Hierro y había sido director del antiguo colegio San Sebastián Mártir.

Agustín Hierro, que nos dijo, en el año 1982, nada menos que, para dirigirnos a él, le podíamos llamar Agustín, o don Agustín y que nos hacía rezar el padre nuestro a la entrada y a la salida de las clases; que nos dijo que cuando viniera una persona adulta a la clase, nos teníamos que levantar todos a la vez, en señal de respeto. Bueno, a los diez años no teníamos mucho criterio para opinar sobre algo así.

Agustín Hierro daba bastante miedo al principio; le rompió la regla en la cabeza a un alumno al principio del curso. “¡Mal empezamos López!” le dijo, y puedo asegurar que ese alumno sí que se apellidaba López. Agustín Hierro exigía mucho silencio en sus clases. Yo iba muy a disgusto al colegio en los primeros tiempos. Le tenía manía al tal Hierro.

Agustín era considerado por los profesores más jóvenes como alguien de la vieja escuela. ¿Sería muy de derechas? ¿Habría tenido algún tipo de simpatía hacia el Franquismo (movimiento que no puedo ver ni en pintura, a pesar de no haberlo conocido personalmente; tenía tres años cuando Franco murió)?

Pues sinceramente, en estos momentos en el que lo recuerdo, eso me importa un rábano. Porque pasadas unas semanas o meses (no puedo ser preciso ahí; estamos hablando de hace más de treinta años) yo llegué a sentir mucha simpatía por ese hombre.

¿A qué se debió un cambio tan radical? No sé con demasiada exactitud qué es un maestro de la vieja escuela, pero el comportamiento de este hombre con nosotros no fue, ni de lejos, el correspondiente al de “la letra con sangre entra”. O al de algunos ogros que he visto en películas por televisión que representaban quizá a “maestros de la vieja escuela”. Los del “porque lo digo yo y tú te callas, impertinente.” Y es que Agustín Hierro no era así ni de lejos.

Nosotros, cuando empezamos a recibir sus clases, sólo llevábamos 10 años en esta vida y éramos esencia inocente con ilusión de aprender, aunque no fuéramos conscientes de ello entonces.

Y pasados los primeros tiempos del miedo, resulta que don Agustín se quedó con nosotros, con nuestro aprecio (sí, claro, muchos lo negarían hoy en día, pero no pudo pasar lo que pasó si eso no fuera cierto).

Puede parecer tremendamente sorprendente que un profesor que en el año 1982 nos pedía que hiciéramos cosas tan anacrónicas como las que han sido mencionadas más arriba, terminara quedándose con nuestro afecto desde antes de la navidad hasta el final de curso, incluido el insólito último día. Pero es que nosotros éramos unos críos de 10-11 años y el hecho de que no nos lavó el cerebro ni nos manipuló en ningún momento, lo confirma el dato de que yo, más de 30 años después, considere que Agustín Hierro fue y ha sido el mejor profesor que he tenido nunca. Y también otra cosa; nosotros tendríamos sólo 10 años, pero teníamos algún que otro profesor añadido a Agustín Hierro, para una asignatura que él no nos impartía; y a ese profesor no le teníamos ninguna clase de simpatía, más bien al contrario… Así que, que pase, Agustín Hierro Mulas, con todos los honores:

Ese señor alto, calvo y con gafas se convirtió en una especie de mago de la enseñanza con la que muchos disfrutábamos (por mucho que ahora lo negarían muchos, repito).

Era un auténtico placer escucharle y perderse en sus divagaciones; hablaba a corazón abierto, y aunque tuviéramos diez años, se le entendía; bajaba su nivel de intelectualidad al nuestro sin dejarse llevar, sin caer a pesar de ello en la apatía; al contrario, su comunicación era muy intensa y entusiasta, se le veía disfrutar con las materias que conseguía comunicarnos (las materias y el entusiasmo que pueden provocar éstas, tratadas con amor al conocimiento(¿amor al conocimiento? ¿De que lugar me salen a mí esas expresiones rancias y académicas? Se lo tendré que preguntar al médico de cabecera)), interactuaba mucho con nosotros y se sentía satisfecho al vernos aprender con ilusión.

Él amaba la enseñanza, el aprendizaje sano y sin coerciones y terminó queriéndonos, porque, quién sabe por qué circunstancias, terminamos respondiendole muy bien; sólo él transmitía esa pasión por las materias de estudio, de forma a veces seria, otras de forma desenfadada y divertida, sin controles amenazantes. Nos hacía participar y participes a todos de lo que ocurría en aquella clase. Pasábamos de lengua a literatura y de ésta a matemáticas, sin estrecheces, ni corsés horarios que obligaran a hacer cada materia a cada X tiempo.

      Y esto continuará dentro de un par de días, donde se comprobará que no todo el monte es orégano. Bienvenidos a todos los que hayan llegado hasta este párrafo, y muy sinceramente, gracias por tú atención lector, si es que tú solo has hecho el esfuerzo de leerme de principio a fin y por propia voluntad y libertad de elección...Nos vemos en dos días; con Agustín. Y con una sorpresa final, más agria que dulce (la que me llevé yo al documentarme sobre el pasado de Agustín Hierro, sin haber buscado documentarme sobre él. Me lo contaron)…

MEMORIA DE UN PROFESOR (2)

AGUSTIN HIERRO (II)


Como cuando estudiábamos en quinto de básica pasábamos casi todo el tiempo lectivo con Agustín Hierro, él decía, ahora abrid el libro de lengua, más tarde, religión. Ahora que lea uno, luego el otro, venga usted, no se esconda. Se apasionaba tanto con la naturaleza como con la religión. La verdad es que a mí me tenía un poco de pelota y eso habrá ayudado. Agustín me convencía. Me transmitía muchísimo. Nos transmitía

        Lloró al terminar el curso (al salir de clase, algunos de los que jugábamos a fútbol en una portería cercana a unas escaleras por las que se dirigía a su casa, pudimos observar las lágrimas en sus ojos) y dijo que habíamos sido la mejor clase que había tenido nunca. Incluso llegó a dar clase la última tarde; unos polígonos me parece que eran, y seguía despertando nuestro interés. Yo creo que él nos consideraba importantes y nos lo hacía sentir así.

Agustín Hierro Mulas. Que, repito, nos dijo que le podíamos llamar Agustín o don Agustín al principio del curso. Nos hizo sentirnos personas: un hombre que probablemente no estudió ni a Nell, ni el constructivismo, ni sabría qué demonios era el feed-back, ni habría oído hablar de tantos términos pedagógicos que luego se pusieron de moda, ni de nuevas ideas teóricamente muy bonitas en la enseñanza, ni de un montón de pavadas (cómo dicen los latinoamericanos tan acertadamente).

Agustín murió unos cuatro, cinco, seis, siete u ocho años después de aquel espectacular curso. Qué más da que fueran nueve o diez. En fin, murió.

      Que en la paz del Dios que tanto amaba (era profundamente religioso y también nos hablaba del tema, siempre respetando mucho al que no creyera) descanse aquel hombre bueno y amante devoto de la enseñanza. Demostró que se podía aprender con ilusión.

     Un mes y pico después de escribir la semblanza sobre Agustín, me enteré de algo fuerte y dí cuenta de ello en este escrito.

Y ahora, pasado un mes y medio desde que escribí esta semblanza y mientras corrijo, me encuentro con un dilema moral. Hace unos días estuve con una persona que había sido joven profesora cuando Agustín Hierro se encontraba en sus últimos años de enseñanza. Ella formaba parte de su mismo claustro. Incluso fue profesora mía.

Resulta que Agustín Hierro era falangista. Bastante convencido además y gracias a ello (y a sus aptitudes, supongo yo) fue colocado como director de la escuela de San Sebastián Mártir. Un seguidor de Franco. Qué fuerte. Y digo arriba, en los primeros párrafos, que me importa un rábano que tuviera simpatía por Franco. Pero esto no puede ser así de tajante, en este caso particular.

Una cosa es que yo no me documente para hacer este escrito, que no pretenda hacer crónica precisa ni detallada de nada (Ya sea ésta histórica, social, literaria, psiquiátrica, psicológica o política) y que sólo quiera ofrecer pedazos de vida, de sensaciones y reflexiones, sin ambiciones de enseñar nada nuevo sino sólo de expresar ideas y sentimientos o de contar historias por medio de la escritura, dándome ésta muchas satisfacciones. Pero otra cosa es dejar pasar esta situación por alto.

Franco se dedicó a realizar barbaridades criminales que todos conocemos. Aunque haya por ahí, todavía hoy, algunos, o bastante más que algunos, individuos de extrema derecha que le justifiquen, que minimicen estos actos y que no los consideren barbaridades, aquello, lo sabe cualquiera, supuso un pisotón de muchos años a la libertad. Aunque todavía siguen produciéndose hechos muy caciques en España y en Euskadi, por lo menos existe libertad de expresión y de organización. Entonces ni eso. Entonces fusilamientos sin ton ni son una vez acabada la guerra, cárceles de exterminio, cobijo a los nazis que huyeron del juicio de Núrenberg, intento de aniquilación del euskera, y un sin fin de atrocidades más… Lo sabemos todos.

Cuando mi amiga profesora me comentó la “militancia” falangista de Hierro, yo le dije: “Pero bueno, él debía de saber las cosas terribles que hizo Franco ¿No?” Entonces mi buena amiga, con sólo ocho años más que yo, pero con muchos más ambientes conocidos, muchísima experiencia en la vida, leída, y gran observadora de la realidad en muchos aspectos, me corta: “Bueno, vamos a ver, para ellos aquí hubo una guerra justa, y cada uno viene de vivirla y de ganarla de una manera y te cuenta o le cuentan la historia a su manera. Ellos se creían los buenos…” Algo así le entendí.

El ser humano es tremendamente complejo. Tengo en mi memoria el recuerdo de un hombre cariñoso y bueno con cada uno de sus estudiantes (excepto al principio de curso, para poner orden) y sobre todo respetuoso; lo que se da en llamar una “buena persona”; y sin embargo perteneciente a algo que, es obvio, muchos hemos detestado; aunque algunos muy a posteriori porque casi no nos afectó (eramos recién nacidos), y con muchísima menos intensidad por esa misma razón.

Pero el caso es que aunque yo pueda criticar (y critico) a Franco, como ciudadano que soy, ¿Quién soy yo para criticar a Agustín Hierro por pertenecer o ser seguidor del llamado Movimiento? Nadie.

Porque los dirigentes del país al que pertenezco (es un decir) y los dirigentes de las naciones europeas a los que el “nuestro” pertenece y apoya, no han sido nada ejemplares a la hora de conseguir "algunos beneficios" para llegar al mal llamado “bienestar social” en un lugar que se autodenomina “primer mundo”. Y de ese bienestar me he aprovechado yo porque a mis padres les fue bien en este lugar. 
Y digo lo anterior,  para hacerme a la idea de que yo no puedo criticar a Agustín Hierro por ser lo que fuera él políticamente, porque yo, por complicidad acomodaticia e indirecta, no puedo tirar la primera piedra.
 Una última cosa: Había escrito otras matizaciones que podrían enfadar mucho a los más acerrimos defensores de los países "desarrollados", con lo cual me estaba pudiendo ganar todo un ejercito de buenas amistades, pero que aún siendo ellas buenas, quizá no vieran con muy buenas ojos  lo que había escrito. Y no dudarían en machacarme...Si es que este escrito tuviera más repercusión que la domesticamente bloggera, situado como está en una de las millones de esquinas de un espacio cibernético más que galáctico (cuando leo "epacio cibernético más que galáctico", pienso en la cantida de chorradas que se pueden escribir. Y gratis.)
 Pero qué puedo decir, soy una persona bastante miedosa, y algunas personas no tienen escrúpulos a la hora de decidir destruírte anímicamente si les haces una crítica que ellos consideren injusta. Tengo que proteger mi salud anímica.

Lo peor de todo es que  éste no era un sitio para hablar de política, pero claro, enterado yo de lo que me enteré, tenía, inevitablemente, que hacerlo; cosa que me desagrada mucho, pues aunque sigo la política, lo que hacen los que se dedican a ella, me pone bastante triste.
 Por tanto, Agustin, que una una vez, cuando fuí el único que te contestó a una pregunta y te enfadaste por el pasotismo de los demás, me dijiste: "Gracias Rabella, majo, gracias", rescato un pasaje de tu vida con este texto, y te rescato del olvido.

Gracias Agustin, gracias. Descansa en paz que te lo ganaste a pulso.

 

viernes, 12 de febrero de 2016

IRONIA, TU NOS SALVAS DEL EGO.

     Para entender el título, hay que leer la pavorosa chapa que viene a continuación hasta el final, que es donde se concluye (acertada o desacertadamente) lo que dice dicho título. O vete al final saltándote lo que viene. Aunque quizá no se pueda entender ese final sin ingerir la pavorosa chapa. Y aquí voy...
 
          Si el punk era un caos relativamente controlado, mi interior ha sido un punk muy escrupuloso. Sí, mi interior siempe ha estado muy atento al hecho de que no se disparase el desfase de mis pensamientos y no cediera a impulsos que me tocaban mucho las narices. Esto, aunque me ocurre cada vez menos y esté alejándome de la patología, seguirá sucediendo, en el futuro a muy inferior escala, como consecuencia del tipo de enseñanza que hemos tenido,  y del tipo de "cultura" en la que vivimos. Que, aunque algo menor que la mía, pienso que también tiene patología.
     Ahí he andado, ante cada pensamiento que se me presentaba como peligroso, sientiendo encenderse una alarma que me estaba diciendo, cuidado, piensa, es que si hicieras eso, y fíjate en aquella otra historia, y esa persona hace comentarios peligrosos, pero ten cuidadado porque por decir la verdad te puede pasar que.. y un largo etc. Atento. Servicio de 24 horas, a todo trapo durante las mañanas; y en los sueños tambien se me presentaban (y se siguen presentando) situaciones de lo más complicadas.
         Se me acusa de dar demasiadas vueltas al coco. Es la cabeza la que me las daba y me las da en menor escala, sin conseguir yo evitarlo, sin conseguir dar con la fórmula que parase la maquinaria. Y esto ya lo había dicho miles de veces, pero como se me sigue haciendo la misma acusación, pues a repetir.
       Mi psiquiatra, antes de vivir yo de la manera aceptable y respirable en que consigo vivir  hoy y ahora, me dijo que yo tenía un yo muy débil, y que por eso tenía muy poca tolerancia a la frustración. También se puede entender a la inversa; poca tolerancia a la frustración, que provocaría un yo débil. Cuando yo veía a este en peligro, el ego entraba en acción pues se sentía,  y todavía, en desafortunados momentos, se siente, atacado; yo sentía una gran angustia en esa situación y reaccionaba de forma empobrecedora (reacción del infantil cascarrabias). Y encima castigaba al autor o padecedor (si la real academia me acepta esta palabra) de mis pensamientos. Antxon castigado por Antxon.
     Lo que ocurre es que mi psiquiatra no era Dios y la vida es demasiado misteriosa como para que un único hombre llamado Freud pudiera escribir (en eternos apuntes) todos los secretos y respuestas de la psique. Sabemos que ni el mismo Freud tenía la llave de la vida y seguro que él también tenía (como todos)  muchos problemas psicológicos. Como los tienen distintas sociedades.
       
          Yo pienso que muchas personas somos mayordomos de un  ego dictador, porque la sociedad nos exige la perfección de forma sutil a veces; otras veces de forma demasiado descarada; al mundo competitivo dominante, le ha interesado  que seamos así siempre, para que la oferta y la demanda funcionasen muy bien; sí, le interesa mucho la competitividad de empresas de enorme ego, formada por dirigentes de enormes egos. Pero resulta que la maquinaria competitiva, por salvaje y bestia, ha entrado en crisis, y como nadie sabe a dónde va a ir a parar esta situación, algunos dicen que vamos directos al caos; ojala se equivoquen y se pueda aprender de esta historia para reestructurarlo todo. Lo veo muy difícil, pues sabemos bien que hay gente con demasiado poder (con demasiado dinero, vamos) a la que no le importa seguir enriqueciendose a costa del sufrimiento  de millones ¿Pero no se dice muchas veces que no hay que perder la esperanza?  Esto va a sonar muy fuerte pero me consta que los médicos de la UCI, aseguraron (repito, aseguraron) a mi familia que yo iba a morir y ellos se pusieron a pensar y a preocupar sobre el asunto de dónde me debían enterrar. Os aseguro que no escribo esto desde mi tumba.
       Pero  pienso algo que quizá no se nos ha inculcado y que descubrimos como modo de supervivencia.   En cuanto a lo personal, para vivir mejor, creo esto: sabiendo que tenemos el enemigo en casa, el tirano, vamos, tenemos la posibilidad de quitarle poderes a nuestro pequeño dictador egolatra. Esa posibilidad-realidad se llama  humor. Pitorreemonos (o descojonemonos) de nuestras estúpidas y erguidas ambiciones. La mejor medicina. Aunque puede pasar que te rían mucho las gracias y el ego se vuelve a apoderar de tí. Maldito capullo...
      Lo que sí tengo muy claro, por encima de todo además, es que nosotros necesitamos un mundo con personas honestas y preocupadas por el bienestar de todos los ciudadanos, librándonos de aventuras descabelladas. Necesitamos a gente como Eduardo Inda.
      

lunes, 8 de febrero de 2016

EL EXITO PUEDE SER UN INFIERNO


Había una vez un cantante. Con sólo 19 años fue “fichado” para ser el frontman de un grupo que en principio era punk. Y desde el principio hasta el final cantaron en euskera, salvo en una canción y media. El creador principal de este grupo, de las canciones y de muchas letras, fue, sin embargo, el bajista.
       
  Con sus 19 años, y llevando en la sangre el “Rock and roll animal” de Lou Reed, este cantante era todavía un diamante en bruto. El bajista y creativo mayor del grupo, dijo en tiempos posteriores y con la banda ya separada, que ellos, al principio, no eran buenos músicos pero que la “pedrada” que tenían (sobre todo él, parecía dar a entender), lo suplió todo en el primer disco. Así fue.
 
        El primer disco de este grupo tenía por nombre el mismo que el de  la propia banda. Bien, ese L.P, o cinta de cassete, en el País Vasco, arrasó. Estamos a principios de los ochenta. Esta situación, el éxito comercial (cuando el punk era anticomercial) descolocó bastante al máximo creador de la banda y más todavía al cantante. Él mismo lo contó en la ETB (televisión vasca), hace unos pocos años. Afirmó que él gestionó y llevó fatal el hecho de pasar, como grupo, de ser casi una historia familiar y privada, a tener, sin esperarlo, una masiva respuesta de fascinación total de miles de personas; con ese primer L.P. En fin, que, a pesar, o precisamente por el éxito, lo pasó fatal.
         En un libro que publicó el cantante de otro grupo punk de aquel tiempo, este afirma que el cantante del que hablamos llevaba muy mal que le idolatrasen y se tomasen demasiadas confianzas con él. Podía llegar a ponerse agresivo. Estamos hablando de un chaval de diecinueve años. En el crispado ambiente de la Euskal Herria de los ochenta ¿Quién, con 19 o 20 años, hubiera sido capaz de llevar todo aquello con naturalidad?
Por su parte, el bajista y creativo mayor de aquél mítico disco, afirmó, tras sacar a la calle tres discos posteriores, que cuando hicieron el segundo L.P, se sentían muy mal anímicamente. Ante el éxito masivo del primero, dice: “Estábamos muy mal anímicamente debido a una respuesta tan multitudinaria. Nosotros huíamos de eso”. Para resumirlo pedestremente, se diría que el punk buscaba el caos y el desmadre, pero siempre con una actitud rupturista hacia lo más casposamente convencional. En el punk se buscaba provocar al público, a veces escupirlo, y que éste escupiera y provocara a los “músicos” (comillas que indican, que, unos cuantos de entre ellos no se consideraban tales, sino que pretendían ser anti-divos, anti-estrellas adoradas; iban en contra de la actitud de muchos músicos que en los setenta, sobre todo a finales de esa década, eran estatuas permanentes que pedían (y recibían) admiración y halagos continuos, con canciones que, para la gente más “alternativa” estaban gastadas debido a ridículas pompas “comerciales” Demasiado comercio; hasta el hartazgo. Por eso, el grupo del cantante se viene abajo al ver que a ellos también les adoraban. Increíble pero cierto))...
 
En estas condiciones, el segundo disco del grupo al que pertenecía el cantante protagonista de esta historia, pareció malo a mucha gente, salvando quizá un par de canciones. Quizá a ellos mismos tampoco les pareció bueno. Mal grabado y con letras de impotencia y desesperación.
 
Se hace un tercer disco bastante aceptable.
 Cuando el bajista creador mayor de la música de la banda, piensa (según él contó también en la ETB) que ya tienen que ir cerrando el telón y hacer un disco final (que sería el cuarto), escribe una canción sobre la que creía que todo el mundo interpretaría como un “nos vamos amigos, liberémonos, nos hemos convertido en seres vulgares sin darnos cuenta”; reproduzco una traducción aproximada de la parte más significativa de la canción: “te juro que nunca te he mentido, y estate segura/o de que nunca te olvidaré; confieso que has sido lo mejor de mi vida, pero ahora, cariño, soltémonos cuanto antes”. Las interpretaciones de la letra de esta canción resultaron delirantes (drogas y otras falsas leyendas urbanas); porque su compositor pretendía decir al grupo, o a la gente por medio de la canción, que todo había sido muy bonito pero que adios, y que nos dejen en paz los punkis de una vez. 
Prácticamente todo lo que pongo en boca del bajista y del cantante, se lo dijeron ellos mismos en la ETB  a un entrevistador que fue, parece mentira, jugador de la Real Sociedad. Y cuyo nombre no recuerdo, y no logro encontrarlo ni en supergoogle. Buena parte de esa entrevista, sino entera, fue publicada en Youtube el 12 de septiembre de 2013.
Y esa canción, la de la supuesta despedida (...has sido lo mejor de mi vida, pero ahora, soltemonos cuanto antes) interpretada con la impresionante voz del cantante con el que ha empezado este relato, y con la única compañía de unos violines que ofrecen un contrapunto excepcional a la brillante voz, resulta ser una genialidad. Su autor era un genio; su autor fue, nuevamente, el bajista. Hay gente que sólo conoce a la banda de la que hablo por esa canción.
Pues bien, volvemos a la paradoja, de manera trapecista en este caso. El grupo, que había entrado tímidamente en el pop-rock ya desde el tercer disco (y muy claramente en el cuarto) se abre entonces a un público tan abierto que mucha parte de este público, no sólo no tiene nada que ver con el punk, sino que muchos de ellos no estábamos,  precisamente, cerca de la ideología política del grupo; pero como eramos muy jóvenes, esto nos importaba una mierda. El cantante protagonista contó también en la ETB que tampoco disfrutó nada de aquello; insiste otra vez en que lo gestionó fatal y que no lo pasó nada bien interiormente, por mucho que por fuera no se notase, por mucho aplauso, elogio y alabanza que hubiera. Deja claro que le sentó mal el éxito. O que no supo llevarlo bien.
Tras el cuarto disco, y lanzados por el tirón de la mítica canción,  graban un concierto en directo. Un disco con muchas canciones en las que se versionearon a ellos mismos, convirtiendo algunas canciones que anteriormente habían sido interpretadas de manera punky, en canciones de estilo pop-rock. O rock melódico. Sacan a la calle un par de discos con unos pocos singles que tuvieron su éxito también.
Hacen un último disco y se despiden.
El cantante del grupo comienza una carrera en solitario, bastante alejada ideológicamente de las letras  de las canciones del grupo por enésima vez mencionado. Ya no cantaba nada que tuviera letras sobre política. ¿Por qué las cantaba en el grupo anteriormente nombrado y por el que se hizo conocido? Las letras y la gran mayoría de las canciones de la banda del lider bajista, no eran del cantante del que hablamos. En solitario, y tras un segundo disco extraordinario en mi opinión o gusto, la gente no le hace caso, le deja solo, seguramente porque no tuvo ningún problema en decir que él no subscribía la ideología del grupo que le dio a conocer. Sin embargo, su andadura musical personal ha sido, salvo en un último disco, quizá demasiado experimental, mucho más que aceptable, brillante en mi opinión.
Este hombre sufrió muchísimo; en su etapa del grupo que empezó siendo punk para terminar en el pop-rock, y en su etapa en solitario. Dijo publicamente, que en medio de su andadura musical personal (en mi opinión a partir del segundo disco) estuvo en un planeta que no se llamaba Tierra. Pero salió de su infierno, comenzando de cero en este caso; de hecho, el disco con el que comienza su “rehabilitación” se titulaba “Zerotik" o "Desde cero".  Y yo, sin saber todo esto, de jovencito, quería ser como él.
Este hombre me ayudó; me respondía a los email diciendo “aguanta amigo”; me dijo que del infierno se salía. Es verdad.  Este hombre me dio un consejo ante el que yo reaccioné de forma muy maleducada (mi malísimo estado anímico de entonces no justifica esa reacción, aunque la pueda explicar). Le pedí perdón y él dijo que no había nada que perdonar, que cada uno llevaba su ritmo vital propio.
Este hombre hoy en día, es, para mí, una bella persona, aunque con la maldita crisis a saber cómo andará en el terreno musical.
Mila esker Iñaki Igon!! Izan zoriontsu ahal dezun guztietan. Merezi duzu.
Besarkada bat Iñaki Igon!!!
           p.d:  Eta Josu, ez gara ezagutzen, ez gera lagunak, ez degu elkarrekin hitzegin, baina jakin ezazu zeuen taldeak egin zuenagatikan, nire bizitza atseginagoa izan zela.

   
Se me olvidaba:
   No sería nada justo olvidar ni a Kike ni a Txampi, pues sin ellos, no hubiera sido posible la corta historia de la banda. Kike, guitarrista;  Txampi, batería; además, en sus últimos discos, el grupo tuvo como quinto componente a Bingen Mendizábal (violines y hasta teclado, me suena); y en sus principios fue parte activa del grupo del que hablo, Tito, saxofonista de la banda, y que falleció hace muy pocos años; se quedará gente en el tintero, pero mi memoria no da para más.
He cometido el mismo error en el que caen, probablemente sin mala intención, los actores de cine, cuando nunca mencionan a los guionistas al recibir sus premios. Se les olvida, como a mí, que sin ellos no hubiera habido ni película, ni papel protagonista, ni secundario, ni nada...

Zeuek ere, "izan zarete ere ene bizitzaren gauza onenetariko bat", o "vosotros habéis sido también una de las cosas mejores de mi vida".

  Maitasunez, Antxon.
  

viernes, 5 de febrero de 2016

VANIDAD Y AUTOTRAICION

      El para mí interesante escritor Enrique Vila-Matas, dice en un libro suyo (tras mencionar a un escritor que no quería ser recordado sino olvidado y que odiaba la vanidad)  lo siguiente: "La vanidad y la fama son ridículas. Séneca decía que la fama es horrible porque depende del juicio de muchos". Mucha razón.
      Ahora bien, sin ningún deseo de atacar a alguien que me hace pasar buenos ratos leyéndole quisiera matizar una cosa: sin la fama editorial de sus libros y de su persona como escritor, Vila-Matas no habría podido  vivir por cuenta de lo que ha  escrito (a no ser de que tenga ingresos económicos por medio de otras fuentes). Y aunque es bien cierto que la vanidad es ridícula, esto no es óbice para que, en mi humilde opinión, sea bastante difícil de controlar, pues independizarse del ego me parece una empresa casi imposible, y pienso que la fama y el ego son hermanit@s. Por lo menos en el tipo de cultura y sociedad en la que vivimos. Pero no descarto que Vila-Matas  haya podido llegar a una situación en la que sea capaz de omitir su ego, ignorando olímpicamente la fama.
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         Por otra parte, hoy he visto a una amiga, y hablando con ella me he traicionando. En el texto "Cobayas" me comento a mí mismo que "la gente" manda indistintamente el mensaje de "Hay que ser positivo" o el de "Qué mal está todo, qué situación tan difícil." Pues bien, esta mañana, conversando con la amiga mencionada, le he dicho, a cuenta de su estresante trabajo, que lo mío será duro por cuestiones de salud, pero que ella y muchos otros, también lo tienen muy difícil en el mundo laboral. Ante lo que le he dicho ella responde con un "Bah, se sale adelante, no pasa nada..." Y entonces yo, en la misma conversación le digo, "Esa, esa es la actitud..." ¿Aprenderé algún día a no tirar la primera piedra?
     

lunes, 1 de febrero de 2016

COBAYAS



        Cuando yo acababa de cumplir veintitrés años, quería pegarme un tiro en la cabeza (lo siento E.D, pero la realidad es la realidad) y con eso está todo dicho; no quiero matizar más la real penalidad; lo dicho basta y sobra… Yo tenía depresiones y punto. Un día en el que llegué a casa sin esperanzas con respecto a mi recuperación de la debacle que llevaba dentro, mi tía y mi madre me dijeron en la cocina que en Barcelona había un psiquiatra muy bueno y que había curado muchos problemas depresivos. Que nos íbamos al día siguiente. Yo dije que bueno, vale, iremos, de una forma bastante apática y como el que no tiene nada que perder.
Y a Barcelona nos fuimos a primera hora de la mañana del día siguiente. Una vez llegados allí, comimos en un bar y en cuanto llegamos al edificio donde se ubicaba el despacho del famoso doctor, entramos en el impresionante piso donde éste atendía a las consultas. Nos recibió una guapa (¿?) y simpática recepcionista. El doctor les espera. Entre usted. Y usted era yo, que entré. Me encontré con un hombre impactante, con gafas y un poco calvo pero impactante a pesar de ello, vestido de punta en blanco. Ni ordenadores ni nada. Pluma y hojas, una letra impresionante. Empecé a contarle mi vida. Él iba escribiendo sin inmutarse y a una velocidad asombrosa. No sé el tiempo que estuvimos mano a mano, él escribiendo y yo hablando de todo lo que me había sucedido en el ámbito patológico de mis días. Al final me dijo que hiciera el favor de salir y de decirles a mi madre y a mi tía que entraran solas en el despacho. Tampoco recuerdo cuánto tardaron. No recuerdo lo que yo pensaba ni cómo me sentía, de lo que estoy seguro es que el día anterior me sentía muy mal. Aunque no descarto que estuviera bien, a pesar de mi sentimiento.

       Al fin me llaman; entro otra vez en el despacho. Allí, mi tía y mi madre me miran con una amplia sonrisa, que pronto supe que era de alivio. El médico dijo:

--Tú tienes una depresión bipolar y esto es absolutamente curable. Te vas a curar y vas a llevar una vida plenamente satisfactoria.

Me lo creí, menudo idiota, me lo creí así sin más, de golpe y porrazo. Pero pedí explicaciones. Él, que debió de pensar que yo era algo intelectual por la forma pedante en la que seguro que me había expresado en nuestro primer encuentro (es algo que solía hacer en aquella época ante los psicoterapeutas; quizá quería impresionarlos), me dio una explicación bastante convincente sobre los neurotransmisores que funcionan entre las neuronas y que provocarían el desastre: La serotonina, la noradrenalina…:En fin, que cuando la forma de circular de la serotonina entre las neuronas es deficiente, se produce la depresión; eso sería una depresión endógena y la que él defendía sin cortapisas; aunque hay gente que sostiene que el individuo se deprime por problemas psicológicos que no ha conseguido identificar ni solucionar (serían profundos traumas que tienen que ver con disgustos de enorme intensidad) y como consecuencia bajan los neurotransmisores, o mejor dicho, circulan deficientemente, y no al revés.
Por eso, cuando te libras de la mili por un problema de estos, las fuerzas armadas matizan: “Usted es considerado no apto, por enfermedad psíquica o física”: Ni los propios militares se atreven a ser tajantes en esto, y mira que a ellos les gusta el rigor; otros sí se atreven a ser tajantes sin saber que están jugando con fuego. Porque la ignorancia no es que sea sólo atrevida, sino que además es tan irrespetuosa (por ignorante) que se mete en temas donde ni el más sabio se atrevería a meterse. Cuando hablo de ignorancia hablo de psiquiatras, de anti-psiquiátras, de budistas (estos omiten irresponsablemente que somos cuerpo finito, vulnerable y dolorido, además de alma; y ni siquiera se puede demostrar que exista tal “alma”; sabemos que somos pensamiento racional (que quizá es demasiado decir) y sentimientos)), de cristianos (el mismo Jesucristo dudó al final y se sintió ignorante y perdido ( Padre ¿Por qué me has abandonado?); y por supuesto, me incluyo entre los ignorantes. 
Sea como fuere, resulta que el fármaco adecuado suele provocar (pero no siempre) un circular óptimo, y como consecuencia se elimina la depresión (pero no siempre). Lo que acabo de contar es un tema muy cansino para los que me conocen o para los que me hayan leído algo.
 
El psiquiatra de Barcelona me dio otras cuantas explicaciones científicas que yo, deseoso de dar con la X, con la solución total al tormento de la vida, me aprendí de memoria instantáneamente y que no voy a reproducir aquí porque es muy aburrido, pero aquella historia me convencía y SUS pastillas o SU tratamiento, que por lo visto nadie más sabía aplicar en todo el extraño país llamado España, me convencieron de que ya estaba salvado.

Pero al tema. Le creímos, le creímos todo. Nos empezamos a relajar un montón. A veces pienso que nos hace sufrir más la congoja y el miedo al dolor de la vida que el propio dolor. Este es un ejemplo. ¿Dónde estaba mi depresión de camino a la farmacia? ¿Se habían puesto mis neurotransmisores a funcionar automáticamente bien? ¿Cómo así me encontraba todo tranquilo y feliz todavía antes de ingerir todo el cargamento de píldoras en que consistía SU tratamiento? Si alguien te convence, hipnotiza y te dice, yo te salvo y te quito el dolor, y tú estás lo suficientemente desesperado como para creerle, por mucho que el dolor vuelva tiempo después (porque volvió, y de manera brutal; y no mucho después sino en menos de un mes) en aquel caso, a mi persona le desapareció la ansiedad de golpe; personas antipsiquiatras y de medicina alternativa afirman que esta es una demostración de que el problema es psíquico, se agarran a esta solución placebo para confirmarse en su sabiduría. Yo, personalmente, y coincidiendo con los militares (nunca pensé que diría esto) no tengo ni puta idea. Soy una cobaya crónica.

"Ondo dakik hik ezina dela hemendikan alde egitea, dena gero ta hestuagoa da, ez zegok irtenbiderik, galtzailea, bla bla bla bla bla... ametsak, soilik telebistako ametsak, beti korrika aldapan gora, alde batetik bestera, bainan badakik zein den aukera, sisteman bizi ala beldurra, ez zegok irtenbiderik, galtzailea."

"Sabes bien que no es posible largarse de aquí, todo es cada vez más estrecho, no hay salida, perdedor, bla bla...sueños, sólo los sueños de la televisión, siempre corriendo subiendo la cuesta, de un sitio a otro, pero sabes cuál es la elección, vivir en el sistema o el miedo, no hay salida, perdedor."

Maketa de  Hertzainak previa a su primer impresionante L.P. Canción "Galtzailea""Perdedor".