jueves, 7 de enero de 2016

JAVIER MARÍAS (2ªENTREGA)




Retomando a nuestro buen amigo Marías,  contaré a modo de anécdota en relación a él, lo siguiente: En manera de celebración de los cien años que cumplió la editorial Alfaguara, ésta organizó una charla pública de motivo literario, con tres escritores que han publicado muchos libros por medio de aquélla. Los tres invitados para hacer una desenfadada tertulia literaria eran Javier Marías, Mario Vergas (perdón Vargas, Vargas, imperdonable error, quise decir Vargas) Llosa, y Arturo Pérez Reverte. Cuando al final de esa charla, la conductora de ésta les pidió a los tres escritores que cada uno de ellos recitara algunas líneas de algún escritor/a, ocurrió algo muy empobrecedor: Pues en el momento en el que le llegó el turno a Marías, a cuenta de algo que se dijo, él señaló que no querría leer un soneto de Shakespeare en castellano, a menos que lo hubiera traducido él; en consecuencia leyó otra historia. Aquí también la crítica no es ni necesaria. Por la boca muere el pez.

Ostras, me estoy cebando con él. Estoy por borrarlo todo. Mi ángelito de buena conciencia me dice “no hay que ser así”. Pero bueno, admitiendo esa regla, la de que "no hay que ser así" o la más famosa  de que no estoy libre de pecado para tirar la primera piedra, haré una excepción. Eso es así, salvo cuando al que se le tira esa piedra es alguien que tira piedras a todo el mundo cada Domingo. Y además parece no cansarse nunca de ello. Quizá en el pecado lleve la penitencia. Se debe de sufrir mucho pensando que uno es de los poquitos que piensan y actúan correctamente (como si eso fuera cuestión de lógica; en mi opinión, aparte de no serlo, la realidad es tan compleja y relativa, que aquí nadie tiene la exclusiva de saber qué es exactamente “actuar correctamente” con toda precisión). Hay demasiados elementos alrededor de cualquier conducta para decir que un comportamiento cualquiera es correcto o no. En graves y evidentes casos, como matar, robar, violar, torturar o pegar, sobra decir que esas conductas son malas, muy malas; pero a partir de ahí, los mismísimos Sócrates y Descartes (como base) lo ponían todo en cuestión. El mismo Borges opinaba que la duda es uno de los nombres de la inteligencia.
         Es curioso ver cómo Marías utiliza esta “verdad” dicha por Borges, para hacer novelas digresivas que en algunos momentos rozan la incoherencia y luego en sus artículos, no sólo no dude nunca, sino que asegure cómo SON las cosas. Tengo un amigo que dice que, estar completamente seguro de que lo que uno hace o dice es lo CORRECTO, es enfermizo.
       Es también curioso, el número de veces que yo suelo decir que algo es "curioso".
       Vuelvo a repetir lo dicho en un texto anterior: unas cuantas novelas de Javier Marías me gustaron muchísimo; y por ello, sólo por ello, le estoy agradecido. Estoy hablando de sus novelas. Si en persona es como se muestra en sus artículos, bueno, hay y ha habido grandes escritores que fueron unos capullos prepotentes, o pijos y quejicas inaguantables; lo que cuenta es, desde mi punto de vista, lo escrito en sus novelas. Lo demás no me interesa.    
    Por otra parte, en una entrevista que le hicieron, Marías dijo que en Internet debería de haber “filtros”, porque no siendo así, “cualquiera” (¿Cualquier perroflauta? Pregunto) puede descalificar a personas como Vargas Llosa, Arturo Pérez Reverte, y a él mismo. Es curioso (¿Otra vez curioso, perroflauta?) que él critique, en otros asuntos, cualquier tipo de censura. Porque resulta que él se debe de creer alguien con gran autoridad moral sobre todos los ciudadanos. Da toda la impresión de creer que, él, por el simple hecho de ecribir novelas de “alta literatura”, y escribir artículos en los que indica indirectamente que él es siempre ejemplar, se considera con derecho a meterse con casi todos los ciudadanos que le rodean; o simplemente habla de las tendencias y actitudes ridículas de la gran mayoría de sus conciudadanos, poniéndoles de imbéciles para arriba. Evita la palabra imbécil, pero por medio de otras frases dice no sólo sinónimos de esa palabra sino cosas mucho más gravemente descalificadoras. Pero de él no se debe de decir nada malo, y según su opinión tiene que haber filtros en Internet para evitarlo (cosa muy parecida, o igual, a  la censura) para que ningún "cualquiera" pueda tocarle un pelo.  Y él sí que puede, repito por enésima vez, y  nos afeita moralmente la cabeza a todos los que no pensamos tan correctamente como él.
        Y como en mis escritos autobiográficos me exijo decir toda la verdad, no me queda más remedio que decir que hace quince años (quince años ¿eh?, lo digo porque desde entonces ha llovido demasiado) como columnistas me gustaban mucho Pérez Reverte y Javier Marías. De hecho en esa época leí libros enteros de artículos de Marías y me parecían geniales. Por suerte he cambiado mucho, muchísimo. Él no. Y por supuesto, no soy tan idiota como para creerme superior a él. Yo también tengo mediocridades morales.
          En la siguiente entrega Marías estará acompañado de Pérez-Reverte.
 

miércoles, 6 de enero de 2016

JAVIER MARÍAS (1ªENTREGA)



El escritor Javier Marías, escribió un artículo sobre la lectura en marzo de 2015. En ese artículo, Marías dijo que según alguna encuesta, el 55% de la gente que vive en España, no lee. Esto le entristecía. Hasta ahí de acuerdo. A partir de dar ese dato, Marías se empieza a comportar, escribiendo, como una auténtica bestia que parece creerse iluminada por todos los dioses ateos del universo. Antes de pasar a lo que dijo, diré, que en los artículos de Javier Marías, EL, se muestra con una autoestima (es feo decir soberbia u omnipotencia, no hay que insultarle, para no ponerse a su altura y aunque autoestima no es un sinónimo exacto lo usaré como un mal eufemismo) que no cabe en un solo universo. En este artículo del que hablo se supera a sí mismo.
 
Para Marías, el que no lee es un primitivo en todos los sentidos de la palabra. Venía a decir que el gran conocimiento de todas las ciencias y el disfrute de la alta literatura está en la lectura de muchas obras; da a entender que lo bueno de la vida (qué digo lo bueno, lo mejor y más interesante) está reflejado en los mejores libros; y añade cosas del tipo de que el individuo (o individua como a él le gusta burlarse) que no lee, pasa por la vida sin interesarse por lo más interesante. Por qué está él o ella en este mundo, por qué cree o no cree; qué paso anteriormente a su nacimiento en el lugar donde nació y creció. No le interesa la historia ni la geografía, con las que uno puede saber dónde está situado territorial, ideológica e históricamente. Y eso para él es tener “serrín en la cabeza”; claro, él no lo dice con esas palabras pero utiliza otras casi sinónimas, e incluso más insultantes. Se escandaliza al pensar que los que no leen, tampoco sabrán qué pensaron y dijeron Montaigne y Shakespeare, Platón, Proust, Elliot, Rilke, y tantos otros. No hay ni una sóla mujer aquí; de hecho, Marías sólo nombró a una mujer  (Isak Dinensen) cuando aseguró cuáles fueron (porque me suena que no dijo, “en mi opinión”, suele ser típico de él decir cómo SON las cosas) los mejores escritores del siglo XX.

Dijo también, con esa humildad y bondad que le ha caracterizado siempre, que las personas que no leen, están dispuestas a pasar por la vida, como si fueran percebes; o quizá ni eso; una lechuga; o ni siquiera; un taburete. El título del amable artículo de Marías, era, como no pudiera ser de otra forma “Percebes o lechugas o taburetes”.
    Cuando Marías dice que el cincuenta y cinco por ciento de las personas que no leen, pasarán por la vida o por la tierra, como percebes o lechugas o taburetes, quizá ni se le pasa por la cabeza que está insultando a mucha, muchísima gente, y es que además, está claro que se considera muy superior a los que no leen.
     Yo no quiero entrar mucho a este jardín porque no creo que merezca la pena; aunque eso sí, sólo una acotación: conozco personas con un bellísimo fondo interior, muy buena gente; gente por cierto que no desprecia ni juzga a los demás, incluso gente muy mayor que no pudo alfabetizarse bien, que, o no lee nada, o sólo un cuarto de hora a la noche, antes de dormir, y tienen una sabiduría y cultura de la vida , que para mí es la más importante, casi ejemplar; de hecho, para mí son un ejemplo, por mucho que yo sí lea, aún siendo un lector mediocre y esas personas no lean. Pienso, sin rabia, que esas palabras de Javier Marías le descalifican directamente a él mismo.. Y además, por lo visto, entre los numerosos conocimientos de gran interés que relatan muchos apasionantes libros, no se hace mención de civismo, de respeto al semejante, de humildad y de todas las cosas que para mí son las más importantes. Sí, ya lo sé, tipos duros que me miráis desde lo alto: practico un buenismo ingenuo.
Pero como lo temerario no debe de quitar lo cortés, no me queda más remedio que decir o repetir, pues ya lo dije en el texto referente a Paul Auster, que me gustaron algunas novelas suyas: “Corazón tan blanco”, “Mañana en la batalla piensa en mí”, “El hombre sentimental” (regalo de mi prima, a quien debo la literatura), “Todas las almas” y la primera parte de “Tu rostro mañana”. Nada es negro del todo. Nada del todo blanco. O igual sí, ya está bien de aguantar la dictadura de los dichos.


lunes, 4 de enero de 2016

ULTIMA CRITICA A LA PSIQUIATRIA


            Pienso que es más conveniente utilizar el termino "enfermo psíquico" ante el aparentemente legitimado "Enfermo mental". 
            Sí, doctores tiene la iglesia psiquiátrica y hasta la real academia. Pero el problema que yo veo, es que cuando ellos (la iglesia psiquiátrica) se refieren a gente con mis problemas con el término genérico “Enfermedad mental” yo lo considero totalmente inadecuado.  "Enfermo mental" es una expresión que se usa como insulto (de hecho desde una semántica aproximativa, "mental", lo veo mucho más cerca de "loco" que  si dijeramos"psíquico"). Si alguien está demasiado salido  en cuanto al sexo, se habla de él como de un “enfermo”. Contra eso no tengo nada. Contra lo que tengo todo lo demás, es que detrás de esa palabra, “enfermo”, en demasiados contextos, suena como eco la palabra “mental” ,de seguidilla a “enfermo”. O lo que es peor, la gente que no sabe nada de psiquiatría, utiliza la expresión “enfermo mental”,en el mismo contexto en el que utiliza la palabra “degenerado”, como un sinónimo, prácticamente: Hacemos un flaco favor al enfermo psíquico llamándole enfermo mental, porque por la ignorancia de la gente, que generalmente no sabe, ni por supuesto quiere saber, ni tiene por qué saber de psiquiatría, alimentamos el morbo ignorante y hasta el miedo de la gente “””normal””””.
         Pero claro, por supuesto, y como no soy tonto del todo, sé perfectamente que el párrafo anterior va a caer  en saco roto. Absolutamente y sin lugar a ninguna duda. A ver desde cuando "un enfermo", le va a decir a  la psiquiatría, qué términos ha de usar.
           Un ejemplo que puede ilustrar ésto último: la pastilla  utilizada contra la esquizofrenia, denominada "ziprexa", que engorda mucho y además aumenta las ganas de comer, puede estar tomándola un paciente de 130 kilos de peso;  esa persona con enfermedad psíquica y en peligro grave en cuanto a su salud física, si se atreve a decirle a su psiquiatra que existe otra pastilla llamada "topamax", que cualquier psiquiatra con sentido común le pondría al paciente que toma ziprexa, ya que el topamax frena el efecto secundario  de la pastilla "Ziprexa", pues digamos que  bloquea esos efectos secundarios  peligrosos  (engordar directamente, y provocar muchas ganas de comer) en fin, si el paciente se atreve a plantear esta cuestión a su psiquiatra, este le dirá, pese lo que pese (y seguro que pensando, "me va a decir a mí 'éste' lo que yo le tengo que administrar"), no, majo, andar y bicicleta estática. Por ejemplo. Lo más triste es que la prepotencia en psiquiatría no sólo se da en Guipuzcoa. Más triste todavía; el caso del paciente de 130 kilos es real. De hecho, cuando, mucho más tarde de lo que debiera haber sido, el psiquiatra de la persona de los 130 kilos, tuvo que decir, nada menos que "me parece que la ziprexa te está engordando mucho" y se la sustituyó por una pastilla llamada "Abilifi", mi amigo adelgazó más de 30 kilos (llegó a bajar a 97, gracias a sus caminatas y dieta estricta). Los psiquiatras también son humanos.
        En cuanto a lo de mi supuesta "aportación".pues repito, lo mismo. A ver quién se ha creído "ése" para venir a darnos clases de terminología. Tienen razón. Quiero decir que la tienen pues se apropian de ella ante los demás, casi siempre.  Por mucho que muchos de ellos saben que no saben si tienen razón. Habrá que seguir siendo pues enfermo mental. Y todos sabemos que los enfermos mentales somos muy peligrosos ¿Verdad?
          Ser crítico no debe permitir ser injusto: El psiquiatra Vicente Madoz (del que publicaré la semblanza que le he heho hace poco) me ha ayudado tanto, tanto, que junto con mi pareja S. puedo decir que me ha salvado la vida. Y debo de dar una pequeña lista de psiquiatras que se portaron excelentemente conmigo y que me ayudaron: Doctora Lourdes Blanco,  Doctora Ana García, Doctora Jaione Carton, Doctora Aróstegi, Doctor Ganzarain, Doctor Gil, Doctor Alonso, Doctora Marian Ezpeleta, Doctora María Rodriguez, Doctora Izaskun Antizar; Doctor Crispin Batiz (lo apostó todo por mí y yo me enfadé con él), Doctor Querejeta (hizo todo lo que pudo, por mucho que su estilo me pareció un poco inadecuado; hay gente que habla muy bien de él de todas maneras) y muchos más que no recuerdo por desgracia. Aunque me sentí muy maltratado y juzgado bestialmente por el Doctor Marcos Tolosa, he escuchado a algunos compañeros hablar bien de él. No tengo suficiente memoria para acordarme  de todos los que fueron de ayuda para mí (aunque sólo fuera por el tono amable, que era inexistente en otros casos), pero han sido bastantes los que me ayudaron. Él único que dio con algo parecido a "la solución", que en mi caso fue positivamente definitiva, fue Vicente Madoz. Gracias a todos ellos.

          Para terminar; una psiquiatra, me dijo con absoluta sinceridad (en realidad se le escapó, porque no se daba cuenta que la afirmación que va un poco después del paréntesis podría provocar más inseguridad todavía, en su paciente, o sea, en mí) cuando le dije, en insólitas circunstancias, que iba a estudiar psiquiatría para saber lo que se traían entre manos, pues me estaban volviendo "loco" (jerga para decir me estaban confundiendo demasiado), me dijo, digo, que si yo estudiase psiquiatría y me pusiese a trabajar tratando a pacientes, me daría cuenta de que en realidad, yo no sabía nada de nada. Ante mi cara de desconcierto se desdijo utilizando un eufemismo. Demasiado tarde.
      



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domingo, 3 de enero de 2016

CUANDO LA INTERPRETACION ES ABSOLUTAMENTE IMPECABLE


           Una vez leí en algún sitio (no sé si en un prólogo de libro, no sé si en una revista, apostaría por el prólogo) un comentario que hacía una mujer, a propósito de  que, para ella, la actriz Sarah Polley sería siempre el personaje de la película "Mi vida sin mí." . O sea "Ann". Que no quería ver a Sarah Polley representando ningún otro papel, pues en esa interpretación Polley se convirtió en "Ann" de una manera tan genuina, vital y absoluta, que la fuerza de la interpretación hizo que el personaje se comiera a la actriz, en el sentido más positivo. Esto debe de ser frustrante para la actriz "Sarah Polley", si es que le sucede con más gente, pero yo siento  lo mismo que lo que indicaba la mujer del supuesto prólogo. Lo que Sarah Polley transmitía por medio de "Ann" era tanto y tan intenso que el personaje se te quedaba para siempre marcado en tu mente y en tus sentimientos, con la cara de Polley, claro. El argumento de "Mi vida sin mí" tenía una base relativamente sencilla: una mujer sabe que le quedan dos meses de vida y decide utilizarlos, para, una vez que ha escrito en una lista todo lo que quiere hacer para aprovechar a tope esos dos meses que le quedan, llevar a cabo lo que se propone, siguiendo al pie de la letra todo lo apuntado para afrontar esos dos meses límite. Hasta ahí todo es una expectativa que se podría antojar ingénua o soñadora. Ya, ya. Lo que viene a continuación, si estás centrado, te mantiene delante de todo lo que pasa en semejante historia, con la boca abierta. La recomiendo vivamente. Estará todavía en DVD.
       Yo no sólo comparto la sensación de la mujer que sólo quería ver a "Ann", por medio de Polly, y no a nadie más por medio de la actriz. El hecho de no querer ver a un actor o actriz en otro papel que aquel en el que le ha impresionado muchísimo, me pasa a mí con otros interpretes.
         No me gusta nada ver a Liam Nesson en una película en la que él no sea Schindler, de "La lista de Schindler". Schindler sólo puede ser para mí Nesson, o mejor dicho Nesson nunca me puede decir nada si no es Schindler. Esa genial interpretación de Nesson haciendo de Schindler lo desborda todo, y se sale de todos los cauces más rutinarios o cotidianos. Sé que es muy injusto para el actor y que no debiera ser así, pero la pasión es así de caprichosa.
        Me ocurre lo mismo con Tim Robbins, al que casi siempre (salvando su papel en Mystic River) veo como Andy Dufresne de "Cadena perpetua". Andy Dufresne es un personaje que se te hace mítico en tu propia vivencia; por lo menos en mi caso. Es el héroe personal de un antiguo amigo.
        Y sobre todo, para mí, para mi capricho más especial, Javier Bardem siempre será el "medium" de Ramón Sampedro. Nunca he estado agusto viéndole hacer otro papel. De hecho, he intentado evitarlo. No es justo, lo sé. Pero es lo que siento
     Una vez escuché decir al fallecido Antonio Vega que le molestaba que le pidieran que cantara, siempre, siempre, "La chica de ayer". Esto le provocaba no poco malestar, pues él decía, con razón, que había hecho muchísimas canciones que no tenían nada que ver con  aquella. Que él no era el de "La chica de ayer". Lo triste es que le comprendo a él igual que comprendo a los que adoraban tanto aquella canción ,que hacía que la canción convirtiera en estatua perpetua al interprete. Él era un autor vivo y quería cantar otras cosas y no ser "un gran éxito" perpetuo, repitiendo y repitiendo lo mismo siempre. Es injusto, pero ocurre...

ES LO QUE HAY

  Y, ante las acusaciones de pensar demasiado y ante "ordenes" o consejos de vivir más tranquilo, diré lo que viene tras los dos puntos: de veinte a 42 años no hice otra cosa que pensar, para solucionar una enfermedad que no se solucionaba pensando, sino al contrario; más que nada porque la patología se multiplica cuanto más la tocas. Sin embargo, el hecho de pensar, era voluntario y consciente, hasta que me dí cuenta del error. Hace casi año y medio que no hablo conmigo de MI tema, o por lo menos no respondo a mi neurótico alter ego, a pesar de lo cual consigue darme unas buenas palizas todavía. Y es que, veintidós años de hábito, crean, inevitablemente, una mecanización. La cabeza piensa y dispara obsesiones e ideas que provocan espaldas sudadas, como efecto colateral de la ansiedad de una mente que sigue y sigue y sigue elucubrando o poniéndolo todo en cuestión, con menos treguas de las que quisiera; creo que he dejado claro que mi mente  hace esto sin mi autorización y en contra de mis deseos.
         El mecanismo sigue ahí, a pesar de todo, y es peor que algunos dolores físicos. Mi psiquiatra dice, que si sigo haciendo las cosas como hasta ahora las he hecho, desde agosto de 2014 en concreto, al final, llegará un momento en que la maquinación y el tiroteo imparable de ideas y pensamientos en obsesión, terminará yendose, porque no me pongo a luchar contra ellos  y eso les quitará fuerza. No tengo nada claro el hecho de que eso vaya a ocurrir. Pero espero que así sea y no desespere, hasta que llegue ese momento. Porque si no fuera por la música que me llevo a todas partes, estaría mucho peor. Pues en general, en el fondo, y a pesar de todo, ya estoy tan "bien" como los que me rodean; o sea, no muy bien, pero respondiendo "Bien" al "¿Qué tal estás?" social.

viernes, 1 de enero de 2016

COMO VOTO, NO SOY LIBREPENSADOR

LO QUE LLEVAMOS DENTRO



El otro día leí que José Mota no votó en las elecciones del 20 de diciembre, porque prefiere ser un librepensador. Al izquierdosillo que llevo dentro le dio por decirme: "Claro, como tiene el curro que le gusta y cobra un huevo, a ese no le importa la gente, a diferencia de los que votamos a Podemos, a los que si nos preocupa la gente". “Ay claro -continuó el izquierdoso justiciero-- qué bonito imitar a Pablo Iglesias y ridiculizar a Ada Colau…cierrabares, cuidaico conmigo, cudaico, ay, sí, sí, la hora de la mota, mira, mira cómo me río yo de tu mota, montónmierda, si, si siempre haces el mismo esketch, si hacerlo sólo por hacerlo es tontería, ay con el manchegito éste tan listico” La verdad es que mi izquierdosillo es un bestia a veces.

Pero por el bien de la coherencia y el equilibrio no visceral, me vino luego, por suerte, el Roberto Moso de microrelato, que muchos tenemos la suerte de llevar dentro, para no calentarnos. Entonces, mi Moso interior me suelta: “Sé sincero Antxon, a ti la gente tampoco te importa; lo que te importa en sí es TU pensión, TUS medicinas, TU hospital público, las subvenciones a los sitios sociales a los que TU acudes etc. ¿O es que me vas a decir que alguna vez te ha preocupado “de verdad” el hambre en África? ¿Te has preocupado tú por hacer algo por ellos alguna vez, o sigues tan cómodo en esta Europa, en la que después de todo, tampoco estás tan mal, a pesar de tus críticas? No ¿Verdad? Pues entonces no tires de panfleto.” Me tuve que callar, y pensé: “vaya, este hombre tiene más razón que un santo. No supero a Mota moralmente” En fin…

Tengo que agradecerle efusivamente a mi guionista la existencia de lo que ha quedado escrito en los dos párrafos anteriores, pue él es el responsable de todo lo que publico. Es un tío que está en mi cabeza, que trabaja mucho, muchísimo, hasta enfermar, y de tantas ideas que lanza, le atrapo algunas que me atrevo a publicar. Que vivan los olvidados guionistas.



¿POPULACHO?



Aunque hace unos tres años que no le leo, he disfrutado muchísimo leyendo a Paul Auster. Casi todos sus libros me han encantado. Es su estilo. No me importa tanto lo que cuenta sino cómo lo cuenta. Entra en el primer párrafo directamente, de una forma a veces brusca, del tipo: “El día en que me presentaron a X ocurrió el desastre que nos trajo hasta el lugar donde sucedió lo más relevante de nuestras vidas…” Y ya me tiene agarrado, y yo quiero, desde ese instante, seguirle hasta el final. Y eso es lo que me ocurre, con mucho gusto para mí.

Un antiguo conocido mío, que vive en Francia con su pareja, dijo una vez: “Bah, mi pareja y yo, cuando vamos a librerías y vemos los libros de Auster, pensamos, bah, Auster, best seller, pasando…” Me alegro muchísimo de que sólo sea un conocido y todavía más del hecho de que sea antiguo. Muy antiguo. Me alegra más que me retirara el trato y la "amistad" hace un año, porque yo no era como él dice que hay que ser.

Tengo alguna cosa que decir al respecto de ese comentario contra Paul Auster, por haber vendido mucho y ser un best-seller; quien  lo hace, deja bien claro que algo que es leído por una gran cantidad de lectores, no puede ser, bajo ningún concepto, algo digno de atención de él. No es difícil deducir, por tanto, que esa persona, si desestima altivamente los best-sellers, casi seguramente piensa que la gente que lee a alguien que vende mucho, no puede tener una catadura intelectualmente literaria tan alta como la suya; y que son sólo los libros que no son best seller, los auténticos grandes libros. Sólo una pequeña élite de lectores inteligentes y exquisitos como mi muy antiguo conocido, que despreció a Auster por obtener éste grandes ventas, podría, según él, captar la literatura de verdad; porque, supongo que él creería (quizá sin darse cuenta) que la erudición y la dificultad que ofrecen esos grandes libros sólo pueden recompensar a una pequeña élite de una riqueza interior, una inteligencia y una sensibilidad tan alta como la suya y la de los que leen a los grandes, sean clásicos o no.

A finales de los ochenta y sobre todo a principios de los noventa del siglo veinte, Javier Marías despuntó con sus novelas, por medio de un alto porcentaje de lectores, sobre todo con las novelas “Corazón tan Blanco”, “El hombre sentimental” “Mañana en la batalla piensa en mí” y con “Todas las almas” (no las he puesto en orden cronológico, sino casi al revés; qué más da). A pesar de que Marías persona no me gusta nada y me desagrada mucho en sus artículos (creo que es la cuarta vez que digo esto), esas novelas me gustaron mucho en su día; los eruditos del lugar dicen que Marías escribe “alta literatura” Podría ser cierto.

Es curioso que aunque Javier Marías no haga novelas para ser leídas por lo que mi cada vez más antiguo conocido (y quizá hasta el propio Marías) llamaría populacho, a Marías le ocurrió algo insólito con “Corazón tan blanco”. Esa novela no es precisamente fácil de leer; pero por su peculiar estilo, por atractivas reflexiones divagadoras, por una trama brillante, a pesar de no tener ésta (la trama) una gran presencia en la novela y por otras cosas que ahora no puedo precisar, la lectura de “Corazón tan Blanco” me provocó una hipnosis que me llevó a lugares de enorme belleza y profundidad, pero eso no es lo que cuenta en este lugar.

Lo que cuenta es lo que le pasó a Marías con ese libro. Antes de decirlo quiero recordar que de Javier Marías han dicho, personas muy “eruditas”, y hasta escritores reconocidos por la crítica menos complaciente, que es el mejor escritor vivo y que merece el Nobel. Como soy un miserable, no me gustaría que ganara ese premio.

Bien, Marías, sobre todo con “Corazón tan blanco” vendió mucho, y no sólo aquí; lo alucinante es que fue best-seller en Alemania, sí, insisto, best-seller en Alemania, además de haber sido traducido a un montón de idiomas.

       Supongo que pensarás, tú, que sólo puedes leer cosas que lea poca gente, (porque eres más inteligente que la gran mayoría de los idiotas entre los que me incluyo), que Marías es mal novelista por haber vendido mucho.