miércoles, 16 de diciembre de 2015

TODAVIA QUEDA GENTE COMO EL

AVISO PRACTICO Y ANTI-LITERARIO: SUELO IDEALIZAR A ESTE TIPO DE PERSONAS.

SALVA



Volviendo al mono-tema.  

Cuando ingresé en el sanatorio de Usúrbil, en Enero de 2013, por causas que mejor no repetir, tuve la suerte de ser atendido por una gran psiquiatra, de la que quizá hable algún día; en realidad, debo matizar que, todavía no era una gran psiquiatra, pero eso era  porque llevaba sólo dos años ejerciendo. Porque era una persona fuera de lo común, en cuanto a inteligencia, empatía y sensibilidad... Un diamante en bruto que hará mucho bien, pues su trato con el paciente rompía esquemas de atención muy  anticuados.

    Pero lo que quiero recordar ahora, es, que tuve la suerte de tratar casi desde el principio con Salva. Ya en los primeros días, fue un hombre que me llamó la atención. Él se sentaba delante de una mesa redonda, al fondo de la biblioteca y atraía a cierta gente a su alrededor. Era un hombre menudo, de rostro agraciado, facciones suaves y al mismo tiempo curtidas, y en su persona, bajo lo que parecía seriedad, uno se topaba con mucha humanidad.

   Nos juntábamos todos los que queríamos alrededor suyo, y aunque él tenía predilección por una buena chica de Zumaia y por un hombre de Azpeitia, admitía a todos y para todos tenía el mismo trato amable; una palabra de ánimo, un intento de apoyo, una poesía de Benedetti (“No te rindas”), alguna sonrisa precisa en algún momento dramático. Siempre sin resultar empalagoso, era oportuno. Alrededor de él se formaban tertulias y era muy moderado, pero siempre intentaba poner un ambiente positivo en la mesa. Trataba de mantenerse integro. Además era muy inteligente y una conversación con él podía ser o de tono intelectual, o de modo desenfadado, anecdótico y hasta entretenido: le gustaba plantearnos juegos de tipo matemático o pequeños acertijos que había que resolver con picardía e ingenio; cosas de las que yo, cuando estuve con él, dado mi pésimo estado, (por razones X), carecía completamente. Cuando se iba a marchar, una auxiliar dijo de él, “Bueno, Salva es uno más ¿eh?”. Vale, probablemente para ella lo era, para algunos de nosotros no era “uno más”. Era algo más que eso. Que lo sepa la auxiliar. Que lo sepa.

Más que nada porque hizo, de forma sutil, bastante bien a su alrededor.

Salva solía decir que de todas las personas se podía aprender algo, cosa que comparto plenamente… Por las mañanas solía estar sentado siempre en el mismo lugar, delante de la mesa redonda de la biblioteca, como si viviera allí, escribiendo en un cuaderno. Me dijo que eran reflexiones, cosas que había leído en un momento en una revista, una conversación que acababa de tener con alguien. Y hasta conmigo mismo. Sacaba también mucho provecho de todo lo que la situación le ofrecía. Las sesiones de jardín, la pala en el frontón. Los paseos al aire libre alrededor del monte. Él casi nunca bajaba al bar, prefería caminar y no estar quieto.

En las tertulias, parecía que si no estaba él, faltaba algo esencial. Faltaba el caballero. De hecho, cuando se fue, dejó de haber tertulias.

Yo estaba mal y él lo notaba. Era evidente, ¡como para no notarlo! Si veía que estaba con mucha ansiedad sólo por pensar que al día siguiente tenía que empezar a hacer actividades en la huerta, me tranquilizaba diciéndome, no hombre, eso es sencillísimo. Ya verás, no te apures. Al día siguiente me preguntaba cómo me había ido. Y le respondía que me las arreglé. “Ves, y ayer con una ansiedad y una preocupación enorme.”

Un último detalle sobre Salva. Un jueves en el que yo no aguantaba mi malestar y después de hablar con María Rodríguez  en su despacho ( pues era mi psiquiatra) me volví a dirigir a ella algo más tarde cuando estaba sentada en un banco del césped (o jardín sin flores) atendiendo a otro paciente; me dirigí a ella de forma desesperada. Se puso tremendamente seria y me dijo, severa: “Antxon, estoy hablando con Iñaki.” No sé por qué razón, intuí que había posibilidades de que me quedara sin salir por la tarde. Efectivamente. Le dije a una auxiliar que no sabía si podría salir a la calle por la tarde. La auxiliar, que era muy amable, llamó a mi psiquiatra, y ésta dijo que, “en coherencia con lo que había pasado, no era conveniente que yo saliera.” Gigante y sublime  homenaje al eufemismo, para evitar decir la palabra castigo. Ella era así.

Al día siguiente, viernes, me levanté tan derrotado que adopté (o me decidí a tomar) una actitud de tirar absoluta y totalmente la toalla; Salva, que en aquellos días era mi compañero de habitación, se alarmó un poco. Sobre todo cuando le dije que no iba a ir a la huerta y que no iba a luchar. Que luchase su padre. Durante el desayuno Salva me pidió el número de mi móvil. Y para qué, dije yo. Tú dámelo. Se lo dije y no apuntó nada. Se lo habría aprendido de memoria, menudo elemento. Me quedé toda la mañana en uno de los sofás, de los muchos que había delante del televisor, en una sala “dedicada”, parece ser, a ver la televisión. De todas formas ésta solía estar apagada a las mañanas. Y repito, me quedé toda la mañana en uno de esos sofas, auto-torturándome. Por supuesto, no fui a la huerta, con lo que me estaba ganando no poder ir el fin de semana a casa. El encargado de la huerta vino pasadas las doce de la mañana hacia donde mí, a pedirme explicaciones. Le dije que no había ido y que no tenía excusas.

Hacia las tres aparece mi psiquiatra María. Entro en su despacho a petición suya… Le digo que me da igual todo y que haga y diga lo que le dé la gana. Y entonces, (me cambio de tiempo verbal ahora) me dijo, nada menos, que, esto: “Creo que sería conveniente que pasaras el fin de semana en  en tu casa.” No me lo podía creer. El mundo al revés.

En cuanto llegué a San Sebastián me metí a una cafetería y di cuenta de un café, un chocolate, unos dos o tres pasteles y hoy es el día en que todavía me pregunto cómo no exploté allí mismo de empacho grave.

Al día siguiente estaba tan feliz con S. en la parte vieja de Donosti y me sonó el móvil. Quién sería. Era Salva. Repito. Era él. A ver cómo me encontraba. Le dije que muy bien (ojo al dato, muy bien; recordar día anterior), que estaba en Donosti con S. Muy bien.

Antes de ayer, cuando ya había pasado más de un año entero tras toda esa historia, le mandé un mensaje a Salva, preguntándole cómo andaba. Me respondió que bien, que se alegraba de que yo estuviera vivo (¿?) (se ve que al final leyó mi libro de Umbral que le regalé), y que se alegraba más todavía de que me acordase de él. Que estaba muy bien. Le mandé otro mensaje: “Estoy escribiendo lo que pudiera ser otro libro. Me gustaría introducirte entre María y quien tú ya sabes, pero tengo que contar con tu permiso. Cambiaríamos el nombre y te pondría bien”. Él responde que tengo su permiso y que lo del nombre no le importa, que hasta le haría ilusión aparecer con el nombre real; que no le tenía que poner bien, que contase la verdad. Pues bien, amigo, eso he hecho, ahora me debes el café que te pedí que me concedieras cuando te mandase esto. Lo que ocurre con lo de la verdad, es que mi verdad está contada desde el cariño y desde ahí a ver quién es objetivo. Pero como no se pretende hacer ciencia exacta, pues estoy contento.


jueves, 10 de diciembre de 2015

FOLLOWERS?!?

      No sé si será que hoy estoy algo ganso, pero me parece que a estos del blogger, que tan amablemente me ofrecen espacio para esparcirme, a veces se les va la olla un montón. ¿Pues no van y me dicen que han sido vistas 1346 páginas? ¿No será que están teniendo en cuenta las 1341 páginas mías que he visto yo mismo, además de las cinco que ha visto mi padre?!!.
        Y lo que es peor, me indican que en España han sido vistas 88 páginas, una en Reino Unido, una en Ucrania, y aquí llega el sueño de mi vida; 18 páginas vistas en los Estados Unidos. O sea que blogger me dice que he llegado nada menos que al país de las grandes oportunidades y libertades (bueno, éstas se han quedado en estatua). Las cifras no casan. De verdad que dicen lo de Ucrania y Estados Unidos, yo con estas cosas no juego.

viernes, 4 de diciembre de 2015

PERIODISTAS DESINFORMADOS: PELIGRO



El porcentaje de enfermos psíquicos violentos, peligrosos o asesinos es muy pequeño dentro de toda la comunidad general y absoluta de un país llamado España. Y también dentro de toda la comunidad de enfermos psíquicos dentro de esa nación. Si lo comparamos con el porcentaje de criminales sin enfermedad psíquica grave, en el conjunto del país de nombre España, veremos que el porcentaje de los enfermos psíquicos criminales, es, por comparación, absolutamente ridículo en su pequeñez. En la cárcel, cogiendo como marco a todos los presos comunes, sólo un 4'2% padece enfermedades psíquicas graves. Estas son tres, y se denominan “Depresión Mayor Recurrente” (mi primer diagnóstico se llamaba así, hace más de veinte años) Trastorno Bipolar (mi segundo y definitivo diagnóstico se llama así) y Esquizofrenia (tres de mis mejores amigos la tienen; cachos de pan; la esquizofrenia suele presentar tres tendencias psíquicas diferentes. La más común, y que nadie se asuste antes de aclararlo en medio minuto, se llama “paranoide”). Por lo tanto hay muchísima gente con enfermedad psíquica grave fuera de la cárcel o de psiquiátricos penitenciarios. ¿Por qué? No son violentos con sus crisis controladas con medicación. Incluso, muchas veces, sin estar medicados.

Una importante puntualización. La palabra “paranoico” no denomina a un loco peligroso. Denomina a una persona que interpreta la realidad de manera muy equivocada; la mayor parte de las veces se cree perseguida. Yo que tú no me reiría demasiado. Tú mism@ podrías engordar la lista de gente con paranoias. Cualquier día. Pero la persona en estado paranoide (el paranoico) sale de su infierno por medio de medicación. La mayoría de las veces; conozco un terrible caso en el que la persona que padece paranoia no responde a tratamiento y sufre una barbaridad, pues sigue sintiéndose perseguido. Te vuelvo  a decir otra vez que reírse de lo que te puede pasar, es peligroso. A esta persona y a los que padecen puntualmente paranoia (crisis a la que se accede vía esquizofrenia o vía  trastorno bipolar: euforias y depresiones) lo último que se les ocurre (en general, como también diría en general, si hablase de diabéticos, calvos o cojos) es dañar a otro. Por cierto, si utilizo el nombre “enfermo psíquico” y no “enfermo mental" es por algo que explicaré otro día. Esto se alargaría demasiado y  soy un lector lento.

En cuanto a lo que digo, lo hago por medio de los datos que ofreció el diario digital 20 minutos.com el 24 de mayo de 2011 al respecto del tema que aquí se trata.. Ando tarde, sí. Luego explicaré por qué. Siguiendo con los porcentajes y los datos que dio aquel día el diario nombrado sobre lo que nos ocupa, resulta que los enfermos psíquicos que hay en la cárcel de ese país llamado España copan un 42'5% de la comunidad formada por todos los presos. Es una cifra que se sostiene de forma garrafal. No se sostiene de ninguna forma. Pues hay varios problemas ahí. Primero porque se dice que el 23'13% de los presos padece trastorno de ansiedad. Es un error que se nos diga eso, cuando nos están hablando de la enfermedad psíquica. Porque resulta que padecer trastornos de ansiedad (si eliminamos casos graves de ansiedad crónica, que no son tan frecuentes) no es padecer una enfermedad psíquica, y si en pocos casos lo fuera, no es tan grave como las más duras. Por otra parte y según la fuente de la que hablo (el diario digital 20 minutos), que basó sus cifras en la información que parece que dio al respecto la señora Mercedes Gallizo  (secretaria o dirigente principal de instituciones penitenciarias entre 2004 y 2011, época Zapatero; y digo parece porque la forma de dar la "noticia" es cuando menos ambigua)  en fin, que según esa o esas fuentes, según algún tipo de informe, por lo visto, tener problemas con drogas es una enfermedad psíquica (y no lo es, salvo que de ella se derive a una enfermedad psíquica; pero esto, muchas veces, no pasa), porque se da el dato de que la gente con esta “enfermedad” (problemas con la droga) engloba a un 17'3% del conjunto de todos los presos. Y, penúltimo, un 14'9% de todos ellos padece depresión. Cualquier persona  podría padecerla en la cárcel,(delincuente o no), lugar que no ayuda en absoluto a sentirse animado y sin bajones, por cierto. Por tanto ese 14'9% de gente con depresiones es un porcentaje cuando menos muy dudoso y no demasiado fiable para hablar tampoco en este caso de "Enfermedad psíquica" con absoluta rotundidad. Las cifras, aburridas siempre, terminan con ese ridículo 4'2% de enfermos psíquicos graves en las cárceles (y por suposición, pero suponiendo fatal, serían los más peligrosos).

Otra cosa; no se debe confundir psicótico (que es un estado en el que aquél que lo padece, al interpretar la realidad muy mal, puede pensar que todo el mundo está en su contra, por ejemplo, y está muerto de miedo y no le da por ponerse a descuartizar gente) con psicópata. La psicopatía no se encuentra dentro de la psiquiatría. Con los psicópatas no  queda más remedio que meterlos en la cárcel, y es peligroso que salgan, pues no tienen conciencia del mal. Ni se pueden reinsertar, ni “curar”. Y los psicópatas si que son muy peligrosos.

Si hay que utilizar la palabra “peligroso”, para los enfermos psíquicos, para nuestra dignidad, los más “peligrosos” son los periodistas de todo tipo de medios de comunicación, que cada vez que tienen oportunidad para ello, cuando alguien con enfermedad psíquica comete un asesinato, dicen, SIEMPRE y como una explicación relevante, lo siguiente: “el asesino estaba en tratamiento psiquiátrico” (cuando son la minoría); ni siquiera sabemos si el asesino mató por tener enfermedad. De todo el resto de criminales sin enfermedad, no se dice nada.

La escritora y periodista Rosa Montero, escribió una vez un artículo a propósito del trágico suceso de un copiloto al que no correspondía pilotar y se puso a ello forzando la situación, tras lo cual estrelló el avión para matarse él y de paso a todos los pasajeros y al resto de la tripulación. Como se recalcó demasiadas veces el hecho de que tenía depresiones, a Rosa Montero se le agradece infinitamente uno de sus últimos comentarios en aquel artículo: Aquel hombre no mató a la gente por padecer depresiones, sino por maldad. Y por carecer de una mínima compasión hacia el prójimo. Yo haría extensible esta reflexión a los casos en que esquizofrénicos o bipolares cometen crímenes (son minoría). Van Gogh era pacífico y esquizofrenico, Virginia Woolf era bipolar, y a pesar de padecer  una enfermedad psíquica grave, ambos aportaron mucho. Y hay muchos casos más.

Antes de seguir, debo de decir que aquí hay dos o tres irresponsabilidades. Una, la del redactor de la noticia, que da datos sin matizar y a toda prisa. La segunda, probablemente de Mercedes Gallizo, que puede que fuera la que dio datos de forma tan ambigua. La tercera, y la más importante, es mía, por dejarme guiar por esa “irresponsabilidad” y no buscar otras fuentes, teniendo en cuenta que la tal Mercedes Gallizo dejó de ejercer hace cuatro años, con el cambio de gobierno. No tengo excusa; tampoco mucha fuerza para ofrecer documentación absolutamente precisa, rigurosa, exacta u ortodoxa. Coño, que yo también tengo enfermedad y ando como puedo. Dos antidepresivos y medio, tres pastillas que equivalen a 12 orfidales (ansiolíticos) diarios, dos reguladores y un relajante mayor. Y algo más. Pero eso no me justifica. A pesar de ello busco que se nos entienda.

Pero estoy seguro de que cualquiera que vaya a buscar datos o conclusiones sobre estos casos, en los que los periodistas  realizan gratuitamente la relación de los enfermos psíquicos con la violencia, podrá llegar a mi misma deducción, con la  ayuda de Google o de libros especializados al respecto, y teniendo en cuenta siempre que trate de constatar hechos de una manera feaciente, y  legitimados por gente experta en el tema. Repito por enésima vez: De todos los crímenes que se realizan, los cometidos por gente “sana” son miles de veces más numerosos que los cometidos por gente con enfermedad psíquica.

Por tanto, si cada vez que algún enfermo psíquico comete un crimen, entre todos los demás criminales (la inmensa mayoría), los medios de comunicación piensan que es necesario y relevante decir que ese criminal estaba en tratamiento psiquiátrico, y de hecho lo dicen, desearía también que cuando informen sobre todas los demás personas “sanas” que cometen actos criminales, se dijera también que el criminal llevaba gafas habitualmente (alerta con la gente con gafas), o compraba ropa en el Corte Ingles (peligrosos los compradores de ropa en el Corte Ingles), o solía ver programas de televisión absurdos, o tiene pies planos, o lleva tatuajes, o le duele habitualmente la espalda, es calv@ y le huele el aliento. De forma horrorosa además. El olor del aliento.

Porque ya está bien. No basta con los horribles sufrimientos que padece un enfermo psíquico. Encima, resulta que es potencialmente un criminal.

          Y por último, como vivo en un territorio en donde hay que dar explicaciones, las daré. ¿Por qué digo "un país llamado España"? Muy fácil. No consigo definir mi identidad según la pertenencia a ningún territorio. No me siento Donostiarra, ni vasco, ni español, ni europeo (aunque bien que me aprovecho del "bienestar social" (qué término más horroroso, por cierto) que eso me da)); y ni siquiera me siento ciudadano del mundo. No tengo la culpa de sentirme así. Y tampoco me siento orgulloso de ello, precisamente. Es un sentimiento como el de la creencia religiosa. No me los explico.


jueves, 3 de diciembre de 2015

QUISIERA SER UN PEZ

PABLO

(Los que son como tú deberíais ser siempre los primeros; luego llega la realidad)



Quiero recordar aquí a Pablo.

A Pablo lo conocí en el año 1997 en mi primer ingreso en el sanatorio de Usúrbil, el de la locura pura y dura, la droga más heavy de todas. Y la verdad, con todo el daño que me hizo ese lugar, me está dando material para dar y tirar. Sin embargo ese material nunca rentabilizará el horror.
Es curioso que en otro sitio yo escribiera lo que me pasó allí, y en el momento de escribirlo (hace más de diez años) se me hubieran borrado totalmente de la memoria unos segundos del trato que tuve yo con Pablo. Me olvidé hasta del mismo Pablo; y en concreto, esos segundos, aparecieron en mi memoria no hace mucho tiempo, a pesar de que ocurrieron hace 18 años y de que sean absolutamente entrañables.
Y es que Pablo y sus escasas palabras, fueron en el fondo, lo mejor.
Pablo era medio autista. Tenía una forma un tanto enrevesada de hablar, y las frases que decía no eran del todo coherentes. Digamos que estaban un poco por debajo de lo coherente... Pero se daba cuenta de todo. Más de una vez bajé con él a un barrio del pueblo de Usurbil, donde algunos pacientes del sanatorio solíamos ir a algún bar a tomar café. Nuestra comunicación era más testimonial que de ideas, evidentemente, pero éramos amigos. O al menos yo lo tenía como tal.
Un día, en medio de las horas muertas que allí se nos paseaban  de   una forma totalmente insultante  por delante de nuestras impotentes y resignadas narices, le dije, Pablo, ven a mi habitación, que te voy a cantar una canción: en el cuarto había dos sillas; él se sentó en una, yo en la otra. Estaba de moda por aquella época una canción de Juan Luis Guerra que se titulaba “Burbujas de amor”.
“Tengo un corazón mutilado de esperanza… quisiera ser un pez para tocar mi nariz en tu pecera y hacer burbujas de amor por dondequiera…” Cogí la guitarra y se la canté, venga. Y él aplaudió con mucho entusiasmo…

Casi un año después de este suceso, y encontrándome yo totalmente recuperado de la depresión que me había llevado a Usúrbil durante dos meses, me fui en bicicleta a dicho pueblo; se me ocurrió, llegado al barrio a donde solíamos bajar, subir y bajar la cuestecilla que llevaba al Sanatorio. Aunque yo estuve dos meses en aquel lugar, Pablo “vivía” allí. Por eso, en cuanto llegué, grité, Pabloooo, y ahí apareció él, “Aquí, aquí estoy, aquí, aquí, yo, yo, Pablo, sí, sí…” 

  Tras salir él del sanatorio le saludé con el cariño que me provocaba su persona
“¿Qué tal estás Pablo?” Parecía no reconocerme; comenzó a investigarme la cara con ojos curiosos, sin caer en la cuenta todavía, con mucha curiosidad, insisto; en un momento determinado sonrió, se le iluminó la cara y empezó a cantar “….eh…burbujas de amor en tu pecera… tengo un corazón…” Estas cosas no ocurren a menudo. Por eso aluciné con su forma de dirigirse a mí.

Recuerdo que durante mi ingreso, Pablo y yo estábamos un día sentados en los  horrorosos asientos del feo caserón y me dijo la única frase total y absolutamente coherente, (de principio a fin) que le escuché durante mi estancia, incluyendo mi nombre además, con la inocencia y la naturalidad propia de un niño; fue una pregunta para la que yo no estaba preparado, viniendo de quien venía: “Oye Antxon, ¿Tú sabes por qué tenemos que sufrir tanto en esta vida?” Qué respuesta podría darle yo. La pregunta además, no era una queja, era una curiosidad… algo que escapaba a su control…


  

 

lunes, 30 de noviembre de 2015

LET ME IN / DEJAME ENTRAR (2)



En la última etapa de la vida de Kurt Cobain, Nirvana ofrece un concierto acústico por medio del canal de televisión MTV. En ese concierto, Cobain no dejó de estar brillante, pero no parecía disfrutar. Es casi mítica actualmente, la última canción que interpretan; sobre todo, por la manera en la que  Kurt Cobain la canta: Su título era “Where did you sleep last night?”, también llamada “My girl” o “In the pines”. Esa canción no es de ellos. Es una canción estadounidense de folk, que data de los años pertenecientes a la década de 1870, y se cree que es del sur de los Apalaches. La identidad del autor es desconocida. En la letra, habla en primera persona alguien celoso que pregunta a su chica dónde durmió la noche anterior. En la última estrofa, la voz de Cobain sube de volumen hasta la estratosfera, con un tono abrumadoramente colérico, aunque sin dejar de ser melódico; se parte el pecho, parece estar dispuesto a destrozarse la garganta y dejar todas sus vísceras en el micrófono y en su histeria brutal tiene que tomar aire un segundo antes del final; y luego suelta dos palabras más, casi las vomita. Esto, tras la última parte instrumental, produce una admiración y unos aplausos apoteósicos…

Pero después, Cobain parecía que estaba y no estaba allí realmente. La forma en la que se despidió del público, con un “Thank you” entre burlesco y descolocado, la manera en que se levantó y firmó los autógrafos como quien acaba de levantarse y se dirige a desayunar, sus pasos lentos, eran los de un hombre aparentemente perdido, que “parecía” acabado. Claro, sabiendo lo que pasó, ahora es fácil especular sobre eso, es fácil decir “estaba acabado” (mucho ojo con esa frase; lo dice alguien que ha creído estarlo innumerables veces y que ya se siente una nueva persona estrenando su vida). Quizá sólo era un mal día, hasta un mal mes o año. Un amigo me dijo que en ese concierto Cobain estaba ya como si le hubieran dado la extremaunción. No, pienso yo, estaba claramente deprimido y de la depresión se puede salir y se sale. Si no se hubiera suicidado y se hubiera medicado bien, consiguiendo abandonar la heroína, hoy quizá estaría con vida. Así que es muy fácil hablar a toro pasado, y no tiro la primera piedra.

Pero pasó lo que pasó. Poco tiempo después del concierto acústico, Kurt Cobain fue a una clínica de desintoxicación por su adicción a la heroína. Los síndromes de abstinencia debieron de ser terribles en dicha clínica, no aguantó y terminó escapando. Unos días más tarde se produce el final por todos ya conocido.

Su amigo Michael Stipe, frontman del famoso grupo musical estadounidense REM, profundamente conmovido por la noticia,y estando en los días en los que él y su grupo grababan un nuevo álbum, tuvo fuerzas para componer una canción dedicada a Cobain. Y qué canción: Título: Let me in: Déjame entrar: Aquí va parte de la traducción:



“Si todas las estrellas caen como gotas de mantequilla

Las promesas son dulces…

……Hey, déjame entrar,

Hey, déjame entrar

Sólo deseo poder oír tu bajo susurro

Señor pescador, en una tierra menos popular,

él reunió a sus seres queridos y los trajo a todos,

para decir adiós, buen intento…

Hey, déjame entrar

Hey, déjame entrar,

Tenía en mente tratar de detenerte, déjame entrar,

Déjame entrar…

Tengo alquitrán sobre mis pies y no puedo ver

A todas las aves mirando y riéndose de mí,

Torpe, rastreando mi piel…”



La música de la canción me impresiona; con una guitarra que truena desoladora en lo que parece ser un único acorde, o como mucho dos o tres, la suave y cariñosa voz de Stipe, sólo parece pretender COMPRENDER, amar a su amigo muerto (“tenía en mente tratar de detenerte, déjame entrar”), sin juzgarle; la canción es un abrazo musical en medio del desierto, y qué decir de las últimas palabras: “Tengo alquitrán sobre mis pies y no puedo ver a todas las aves mirando y riéndose de mí, torpe, rastreando mi piel”. Cualquiera que haya pasado por una depresión o se haya sentido alienado (y para esto no hacen falta depresiones), puede sentir subírsele algo por la espina dorsal, que le agarra la fibra bien fuerte.

viernes, 27 de noviembre de 2015

LET ME IN / DEJAME ENTRAR (1)



     

La verdad es que, en el fondo, a mí no me gustaba la música de Nirvana; fue un grupo musical de rock (dentro de las múltiples interpretaciones y posibles variantes del término que rodean a esa palabra en negrita) formado a finales de los ochenta; y tampoco tenía mucha simpatía por su cantante, Kurt Cobain. Al tipo de música en el que se encasilló sobre todo a Nirvana y a Pearl Jam, se le llamo Grunge, y se dice, o por lo menos lo dice Wilkipedia (que es un lugar al que, según algunos sabios, no hay que acudir, por ser superficial y a veces inexacto) que esa palabra, “Grunge”, proviene de una pronunciación relajada del adjetivo “grungy”, jerga usada en ingles para decir “sucio”. Este encasillamiento en esa etiqueta, que también se sustituía a veces por “sonido de Seatlle”, no gustó nada al ser rebelde y rabioso que era Kurt Cobain; por lo menos en sus últimos años; se ponía camisetas en donde estaba escrita, en ingles, claro, la frase “El grunge está muerto.” Wilkipedia dice también que lo que hacían los grupos “Grunge” era un subgenero del rock alternativo influenciado por el punk y otras tendencias. Ahí lo dejaré.
En abril de 1994, cuando Cobain decidió acabar con su vida de un disparo en la cabeza, la historia me llamó la atención. Leí sobre el tema. Cobain pasaba periodos terribles de depresión (yo ya había empezado con el tema dos años antes).
Recuerdo el comentario que hizo una persona que yo conocía por entonces, sobre el tema de la muerte de Cobain, cómo no.
Todo el mundo opina. El individuo tenía unos diez años más que yo, o sea, treinta y tantos, y comentaba sorprendido: “Yo no lo entiendo; lo tenía todo, musicalmente reconocido, famoso en el mundo entero, millonario, mujer, hija, todo, lo tenía todo”. Eso era todo pues. Si tienes eso en el año 1994, ¿Cómo se te ocurre abandonarlo? ¿Eres idiota o qué? Afortunadamente, en 22 años, las cosas han cambiado mucho en esos aspectos; la depresión grave y sus horribles estragos se han comenzado a tratar y sobre todo a difundir y a comprender muchísimo mejor que entonces; y es que Cobain padecía, lo digo por segunda o tercera vez, muy severas depresiones, aparentemente ilógicas (¿o no lo he dicho? no voy a ver); resulta que estas depresiones eran alternadas en otras épocas con euforias claramente ilógicas. Trastorno bipolar. Personalmente añadiré una cosa. Puedo asegurar que a nivel afectivo y material lo he tenido TODO. Pero aseguro que ese TODO, no es NADA, si uno está sufriendo una depresión cruelmente agresiva.
 Antes de que Cobain se matara yo ya conocía a ese tío. De hecho sólo usaba su música, cuando estaba absolutamente desesperado. Digamos que lo hacía cuando mis sentimientos tocaban, o abrazaban totalmente, el pánico interno. Sólo entonces…Bastante significativo. Hace muchísimo tiempo que el cuerpo no me pide dosis de Nirvana. Respiro…Y ya era hora, porque cada semana que pasa mi respiración sigue progresando, en positivo, claro. Aunque hoy tengo un día fatal.
Sobre el tema del suicidio debo decir una cosa: nunca, nunca, calificaré moralmente a nadie que lo ponga en práctica.
En realidad, afortunadamente, en eso también se ha avanzado, y hoy, a diferencia de tiempos más remotos, casi nadie se pone a calificar moralmente el acto suicida. He dicho casi nadie, siempre queda gente que lo sabe todo sobre todo. La cobardía y eso.
Pero la generalidad se da cuenta de que la vida no es tan simple como para reducirla a unos parámetros demasiado concretos; por suerte, ahora se moraliza menos.
Lo que siempre me ha parecido una tontería es algún comentario suelto por ahí del tipo “No se te ocurra hacer una tontería” refiriéndose claramente a lo que ya sabemos. ¿Y es que, cómo se puede denominar a algo tan serio con la palabra “tontería”? Otra cosa es que no sea de aplaudir... Pero ¿Una tontería? Uno simplemente, se larga del mundo por diversas razones; a veces de forma natural y hasta racional y otras en medio de muchas dudas y luchas internas (las interpretaciones reprobatorias desde la sacralidad o la dignidad de la vida humana o, lo que es peor, decir (¿Desde qué tipo de autoridad moral?) que la vida es un deber además de un derecho, me parecen un desatino de un calibre tan bestia  que no tengo adjetivos suficientes para concretarlo; y es algo de lo que ya hablé y me vuelvo a repetir; pero no me importa repetir esto; aparte de que ni justifico ni condeno el acto suicida)).

Cobain forma una banda en la que expulsa toda su rabia e insatisfacción provocada por el sospechoso sueño americano (o por sus propios problemas personales, no quisiera caer yo tampoco en supuestas trascendencias sin cuento). Ataca duramente y se ataca a sí mismo en sus propias letras. Mucha, muchísima rabia. Y lo convierten en un héroe. La voz de una generación angustiada, la generación “X”. Y tiene millones de seguidores. Todo esto, a Cobain, parece gustarle a veces, pero en otras ocasiones, esa fama desmesurada parece ponerlo a cien. Humanamente el hombre no parecía un dechado de virtudes (yo mismo tampoco lo soy), fue una víctima de sí mismo, su enfermedad y sus circunstancias, entre las que estaba la letal heroína.
Hay algunas personas que opinan que Cobain no supo asimilar el éxito y eso le llevó a la catástrofe. Puede ser. Pero como ya he dicho (¿otra vez repitiendo perroflauta literario Rabella?) Cobain tenía una enfermedad grave y no soportaba su dolor. Siendo famoso o triunfador o no siéndolo, el sufrimiento es igual para todos. Y ha habido bipolares célebres (Virginia Woolf, Ernest Hemingway y otros) que se han suicidado. Pero también  hay muchas personas anónimas con este trastorno. Nosotros podríamos ser bipolares vulgares y corrientes. No lo sé. 



miércoles, 11 de noviembre de 2015

HISTORIA TRISTE

 

POR DOS PERSONAS DE ESKORBUTO

    Yo no conocí a Jualma ni a Josu. Fueron los dos miembros más carismáticos del grupo punky Eskorbuto. Eran de Santurtzi.

  El grupo Eskorbuto tuvo una andadura musical que duró más de diez años, me parece; de principios de los ochenta a principios de los noventa.

Entre sus primeros discos, en mil novecientos ochenta y seis, sacaron a la calle  uno denominado Anti-todo. Eran así: anti- todo.

   Jualma y Josu, en toda su andadura, tuvieron la peligrosa “cualidad” de decir siempre lo que pensaban. Yo también tengo esa “cualidad”. La diferencia es que lo que yo pienso es mucho más inofensivo que lo que ellos pensaban. Porque lo que pensaban no era nada amistoso hacia ciertas actitudes, personas y hasta un partido político; el cual, por cierto,  no se andaba con tonterías si se sentía atacado (cosa, atacar, que, Josu en especial, hizo muchas veces, y con derecho; se llama libertad de expresión).


     Al principio todo era guay; un amigo de ellos cuenta que en sus conciertos eran muy especiales, espectaculares y hasta ingeniosa, simpática y brutalmente caóticos. Salvo en un concierto de Santurce, la persona que les siguió dice que aquellas actuaciones eran de todo tipo menos rutinarias. Se la jugaron, no sólo con su ideología sino en los conciertos, en donde no se les cayó el escenario encima de milagro. Siempre ocurría algo bestia; cuando no se caían los focos, alguien se caía encima de la caja de mezclas, o cualquier otra burrada; en fin, había peligro, por su forma caótica y relativamente controlada (eso es el punk) con la que afrontaban cada concierto. Salieron siempre indemnes.
 Tanto se la jugaron, metiéndose con todo lo que veían criticable, que terminaron por ser marginados en todos los lugares de Bilbao. En todos. Su último disco, inevitablemente, se tituló “Demasiados enemigos”; efectivamente, los que se habían buscado diciéndoles lo que ellos consideraban que era la VERDAD.

       Ahora los ponen como creadores geniales (cosa que yo pienso que es verdad),  porque su música (ellos no se consideraban músicos, pero para mí si lo eran) y mensajes, eran absolutamente impresionantes, con una fuerza y una mala hostia inigualable.
       Lo peliagudo viene cuando se llega a decir que “eran los putos amos” a secas, y sin matizar. Yo (aunque no estoy enganchado a sus canciones) estoy convencido de que eran muy buenos, porque sacaron al exterior el trueno que llevaban dentro de forma avasalladoramente  fascinante, que era lo que pedía el público punky. Hoy en día, siguen contando con muchos adeptos pertenecientes a diversas generaciones de adolescentes y no adolescentes; gente ya adulta  sigue escuchándoles. El gran actor y mismísimo Benicio del Toro los descubrió en latinoamérica y le encantan, como a otros latinoamericanos que descubrieron de churro a Eskorbuto. Cuando tanta gente bendice el agua...  Pero lo de "eran los putos amos" sin matizar, es delicado,  porque, quizá por su temprana muerte (y ya han pasado desde ella veintitrés años) parece darse a entender, en algunas leyendas urbanas, y hasta donde no hay leyenda, que también eran los putos amos personalmente. Pues bien, eso es algo que gente muy cercana a ellos sabe que ni los propios Josu y Jualma pensaban sobre ellos mismos, sobre todo en los últimos días de sus vidas. Al final no se sentían precisamente orgullosos de su trayectoria, y estaban muy arrepentidos de haber actuado con “mala cabeza”. Murieron solos. La  marginación y sobre todo la heroína, les mató.
                 
       En el entierro de Josu Expósito (guitarra y voces y casi el miembro más carismático de la banda) estaban, sólo, un amigo fiel, conocidos medio amigos del barrio, vecinos (más vecinas que vecinos) y una madre que había sufrido lo indecible. Ningún punky, ningún escritor, ningún periodista, ningún crítico musical.
Ahora, gente que por edad y circunstancias varias no los pudieron marginar, o gente que probablemente no estuvo muy lejos de los que los marginaron, y quién sabe si incluso algunas personas que los marginaron (cosa que no me extrañaría nada porque todo el mundo los marginó por haberse metido con todo el mundo) quieren   denominar a un par de calles con sus nombres. Supongo que serían la calle Josu Expósito y la calle Jualma (que no Juanma) Suárez . Esto lo supe hace tres años. Quizá ya hayan conseguido llevarlo a cabo. Ahora. Veintitrés años después de su muerte.
 Qué fácil, qué guay y qué de puta madre.

  Ahora. Que no pueden defenderse de la hipocresía.

  Ellos mismos lo dijeron. Historia triste.


Nota posterior: Yo también suelo ser bastante hipócrita. Pero sólo, A VECES.