En
realidad me equivoqué; la mejor persona, es ésta que viene a
continuación. Cuando Pedro Piqueras abre los informativos,
comentando, con música sensacionalista, las tragedias del día,
pienso que él nunca daría esta noticia. Sin embargo esta noticia
TAMBIEN es real, es un notición, algo inaudito, pero real, aunque,
quizá, debido al tema de audiencias, no interesa. En este caso si que no hay idealización, sino asombro. Son doce años y dos meses asombrado ante semejante noticia.
Y
cuando los cuatro jinetes apocalípticos que se presentan mañana a
solucionar una crisis que pinta muy mal; cuando hay miedo y hasta
pánico hacia aquélla, cuando los yihadistas pueden estar rondando por
todas partes, cuando nos asustamos con el qué va a pasar, cuando
pensamos en las injusticias de este mundo en todos los terrenos;
cuando están matando a mucha gente inocente en nombre de la paz, mientras los que lo hacen nos desean paz y amor; sí, a pesar de todo, para mí, esta historia que voy a contar es NAVIDAD y no
la de la nochebuena ni la del día 25 de diciembre; esta historia no
es freixenet o ferrero rocher, esta noticia es estupenda por ser real; de
hecho, si no la hubiera conocido, mi vida hubiera sido una mierda.
El mérito de esta historia no es del que la cuenta, sino de la persona que, siendo, y sólo existiendo, me lo deja facilisimo para explicarla sin esfuerzo.
Esta historia quiere ser también un homenaje a la multitud de
personas buenas que cuando se levantan, no se ponen a pensar en como fastidiar al prójimo; en algunos casos hasta ocurre lo contrario.
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S.
“They don’t know you like I do, they don’t
know you like I do”
“No te conocen como yo te conozco, no te conocen como yo”
De la canción “Without words”, de Ray LaMontagn
“I don’t believe in the existence of angels
but looking at you I wonder if that´s true…."
“No creo en la existencia de los ángeles, aunque cuando te miro
me pregunto si eso es verdad…”
De la canción “Into my arms” de Nick Cave.
Hace mucho tiempo que no me río con ganas. Se lo comenté un día a
S. Oye, ¿No te parece que cada vez nos reímos menos? Es que quizá
no hay muchas razones, respondió ella.
S., balsa balsita, la más equilibrada y menos irritable de todas las
personas que conozco, puede que el mismo Dalai Lama se cabree más
que ella, . Ella, las cosas como vienen, no tiene nada teorizado,
lleva en los genes una forma de vivir pacífica y aceptadora de la
realidad, sin juzgar… Ella es un misterio de la naturaleza… Pero
qué bello misterio, como el agua del río, al alcance de la mano
todos los días su sonrisa generosa. Qué fuerza poderosa tiene esa
suavidad y esa dulzura. Neutraliza toda la violencia de mi dolor. S.,
que no conoce el rencor y a la que pocas veces le llega la ira…. Y
la propia ira le llega de forma suave y sin ponerse a
vociferar…Cuando dice que está enrabietada yo no se lo noto. Por
supuesto, ella no se ve así. La humildad que lleva pegada al cuerpo
se lo impide.
Recuerdo que cuando nos conocimos en Gupost (sección de publicidad
directa del grupo Gureak) tratábamos mucho con un chico que se
llamaba Jorge. Jorge que fue al final el elegido para trabajar allí,
mientras los demás nos conformamos con el cursillo. Bueno, el
ganador absoluto fui yo: Gané la compañía de S… Jorge nos
escribió un gracioso y cariñoso email cuando ya no nos veíamos; se
refería a mi ya para entonces novia en estos términos:”En Gupost
se echa mucho de menos esa afabilidad desprendida, cumbre del
afecto…..” Pues yo la tenía conmigo.
Que gran poeta era Jorge. Qué lástima fue el hecho
de que no quisiera tener relaciones sociales con nadie, fuera del
trabajo. Sigue igual, por cierto. Aunque en el trabajo sí hablaba
mucho con nosotros. Fue muy respetuoso mientras veía que S. y yo nos
íbamos acercando sin darnos cuenta, irremediablemente, como un
tranquilo río al mar, con casual dulzura y pequeña gloria, sin
forzar, sin buscarlo. “Betiko bikote”, nos decía sonriendo. Él
fue nuestro testigo de honor.
Jorge no nos quiso dar su teléfono. Anda siempre solo, siempre solo
fuera del trabajo. Maldita esquizofrenia. Todo ese potencial, ese
sentido del humor, esa cultura, ese respeto, esa bonachonería, esa
conversación; y él decidió desperdiciarla, o guardársela para sí
mismo. Del trabajo a casa y de casa al trabajo. Decía ser misántropo
y no hubo nada que hacer. Algunos emails sueltos, pero no anda con
nadie y tiene cualidades excepcionales. Qué pena. Sólo supimos que
vivía en Egia; ni la calle nos quiso decir, y los dos sabíamos
cuánto nos apreciaba; cuando lo hemos visto por la calle nos ha
saludado con mucho cariño, pero no ha querido quedar.
Hoy a la tarde hemos ido a casa de S. a jugar a cartas, y, agradable sorpresa, ante unos comentarios que ha hecho ella cuando he hecho doble escoba, me ha salido una carcajada liberadora imparable; qué habrán sido, cinco, ¿Diez segundos?; momentos de absoluta libertad. Salen las cartas, hago doble escoba y las recojo. Ella piensa que eso no se hace así, pero la forma de expresarlo ha sido tan de Ella, que no he podido reprimir la carcajada. Cualquier otra, ante el desacuerdo, me hubiera dicho, eh tío, a dónde vas, que eso no es lícito, casi bruscamente. ¿He dicho ya mil veces que S. es todo menos brusca? Quizá no lo he dicho ¿Que no se irrita casi? Y me dice, sin mover el gesto, con su voz de siempre y toda natural: “Eso no se hace así, se queda en la mesa, pero uno no se lleva dos escobas.” Me lo ha dicho como quien dice: Se te ha caído el bolígrafo. Ni para un lance tan trivial y doméstico utiliza la fórmula del reproche. Y yo me he partido, ella ha empezado a reírse también y le he explicado entre carcajadas mi reacción. Luego hemos estado recordando otras cosas y también nos hemos reído. ¿Hay algo más sano? En ese momento me he olvidado de mis maximizados problemas, completamente, a los que seguro andaba dando alguna vuelta por el bolo.
Hoy a la tarde hemos ido a casa de S. a jugar a cartas, y, agradable sorpresa, ante unos comentarios que ha hecho ella cuando he hecho doble escoba, me ha salido una carcajada liberadora imparable; qué habrán sido, cinco, ¿Diez segundos?; momentos de absoluta libertad. Salen las cartas, hago doble escoba y las recojo. Ella piensa que eso no se hace así, pero la forma de expresarlo ha sido tan de Ella, que no he podido reprimir la carcajada. Cualquier otra, ante el desacuerdo, me hubiera dicho, eh tío, a dónde vas, que eso no es lícito, casi bruscamente. ¿He dicho ya mil veces que S. es todo menos brusca? Quizá no lo he dicho ¿Que no se irrita casi? Y me dice, sin mover el gesto, con su voz de siempre y toda natural: “Eso no se hace así, se queda en la mesa, pero uno no se lleva dos escobas.” Me lo ha dicho como quien dice: Se te ha caído el bolígrafo. Ni para un lance tan trivial y doméstico utiliza la fórmula del reproche. Y yo me he partido, ella ha empezado a reírse también y le he explicado entre carcajadas mi reacción. Luego hemos estado recordando otras cosas y también nos hemos reído. ¿Hay algo más sano? En ese momento me he olvidado de mis maximizados problemas, completamente, a los que seguro andaba dando alguna vuelta por el bolo.
También, lo mejor del día ha sido todo lo que le he hecho a reír
a S. Somos iguales, jugábamos a la escoba y nos traía al pairo
quien ganara, interrumpíamos el juego a base de bromas que
provocaban sus carcajadas. ¿Puede haber mayor regalo que hacerle
reír a la persona de la que llevas doce años enamorado?
Curiosamente, a S., lo que más le atrajo de mí fue mi sentido del
humor, mi desenfado y el hecho de que siempre tuviera algo
interesante (según ella ¿eh?) que decir. Claro, no conocía todavía
las sombras. Pero apostó muy fuerte por ese chico y estuvo a su lado
en todos sus naufragios, con él, sin fallarle, y mira que he tenido
problemas que ninguna otra persona hubiera podido sobrellevar
conmigo. Ella siempre allí, con una forma de estar tan
incondicional, tan alentadora a pesar de las trombas brutales de
agua…Día tras día, año tras año “que sí, que ya verás como
sí…” A prueba de bomba. En fin, S. es amor, es lo más sencillo
que puedo decir de ella porque además es cierto.
Muy poca gente la conoce bien porque en sociedad se promueven otros
“valores”: el carisma, el carácter, lo supuestamente guay, saber
opinar y hablar de temas “interesantes y profundos”, la gente que
sabe divertirse y quizá ella y yo somos unos sosos, además de estar
marcados por el estigma; y al final, eso qué más da.
Un Domingo, sabiendo lo mal que lo había pasado el Sábado, cuando
me presenté en su casa con una sonrisa, le salió a ella otra, de
oreja a oreja, qué ilusión verte así, decía, qué bien… Después
de todo lo de ayer.
Luego tiene una capacidad de dejarse tomar el pelo y de reírse de
ella misma inigualable. Cuando la imito, cuando me burlo
cariñosamente, ella ríe y ríe; una vez puso los brazos en jarras y
me dijo “Oye, a usted le gusta mucho imitarme ¿no?” Esto lo
hemos recordado infinidad de veces.
S. tiene mucha costumbre de hablar de su ropa, cosa que es un tema,
que, por más esfuerzos que hago, no ha conseguido interesarme nunca.
Una vez quise que se diera cuenta de que me hablaba de algo
totalmente ajeno a mi interés, cuando estaba con el tema de la ropa
y le solté, después de una explicación que me dio sobre
pantalones, de sopetón:
“Oye S. ¿Tú que opinas de la nueva propuesta de UP y D sobre la
disyuntiva que se está creando en el tema de…?” Se me queda
mirando fijamente y sin esperar más de un segundo me dice con
tranquila e inocente espontaneidad: “Ah, yo de eso no tengo ni
idea” (y me importa un rábano, le faltó decir, pero es demasiado
correcta para haber dicho eso) y salió de la cocina tan tranquila.
“¡S…!, ven un momento por favor…” “¿Qué pasa?” Y
entonces le explique el juego que le había hecho ante lo que soltó
una sonora carcajada. La carcajada de S. es lo menos forzado que
pueda escuchar uno nunca. Es una alegría natural que le sale de
dentro. Cuántas veces, estando yo en su casa, ella en el salón ante
la tele, yo en otro cuarto leyendo o simplemente escuchado música o
haciendo nada, la he escuchado reír abiertamente ante algo cómico
de la tele, con una salud de alegría contagiosa, con una pureza del
sentimiento provocador de la risa totalmente única e insólita. Qué
limpia está por dentro.
Por supuesto, tiene defectos; unos cuantos…Pero por el respeto que
le tengo, la gente que llegue a leerse esto (si es que llega) no
tiene por qué enterarse de esos defectos. Que yo no tenga miedo de
exponer los míos, no tiene nada que ver con el hecho de exponer los
suyos. Yo no tengo derecho a hacer eso pues (tal y como dice una muy
sobada frase) los trapos sucios se limpian en la cocina.
Hay algo increíble en su personalidad: no habla mal de nadie. Y mira que algunos le han hecho daño. Y si lo hace muy lateralmente, enseguida se apresura a decir, sobre la persona mencionada: “Aunque reconozco que tiene unos valores buenísimos que…” No tengo ni idea de por qué lo hace, ya digo que es un misterio; tanto que no parece de este mundo; porque ella, y que se me oiga bien, nunca, nunca me juzga y me trata exactamente igual esté yo en el estado en el que esté, represente yo el rol que represente; en realidad yo nunca represento un rol con ella, puedo ser enteramente yo mismo, porque me veo querido; cómo enfadarme con alguien así, cómo quejarme de ella, cómo abusar de su bondad, debería ser poco menos que un desagradecido inconsciente, una malisima persona, y a tanto no llego.
Hay algo increíble en su personalidad: no habla mal de nadie. Y mira que algunos le han hecho daño. Y si lo hace muy lateralmente, enseguida se apresura a decir, sobre la persona mencionada: “Aunque reconozco que tiene unos valores buenísimos que…” No tengo ni idea de por qué lo hace, ya digo que es un misterio; tanto que no parece de este mundo; porque ella, y que se me oiga bien, nunca, nunca me juzga y me trata exactamente igual esté yo en el estado en el que esté, represente yo el rol que represente; en realidad yo nunca represento un rol con ella, puedo ser enteramente yo mismo, porque me veo querido; cómo enfadarme con alguien así, cómo quejarme de ella, cómo abusar de su bondad, debería ser poco menos que un desagradecido inconsciente, una malisima persona, y a tanto no llego.
Todo esto me permite ser muy amable con ella, darle todo el cariño
que puedo, me sale solo; sé que le ayudo a veces y también que
disfruta a veces de mi compañía. Nos llevamos bien, que no es poco
tras doce años y dos meses.
Ay S chiquitita… El fin de semana en casa de S… Qué calmosa es
su presencia. La tensión desaparece. No nos pedimos nada especial.
¿Qué hemos hecho? ¿Algún maravilloso plan de fin de semana? No
necesitamos nada de eso; estar con Guillermo ayer, con la tía hoy,
comer juntos, ver algo de la tele juntos. El mismo programa estúpido
deja de ser estúpido si lo comentas con ella. No hace falta
nada. Ya está. S. y yo pues, somos muy simples en cuanto a pareja,
el cariño va solo y nos complementamos. Veré esta tarde a S., que es mi belleza y bálsamo , y que me dijo, que
me dijo, repito, S., sí, cuando yo estaba muy mal y le dije que no
tenía fuerzas ni razones para seguir, ella dijo: “Pero me tienes a mí”.
Recuerdo que una mujer que hacía y hace crítica de cine era una
apasionada seguidora de la actriz Susan Sarandon. Hasta que esta
actriz, en la película “Pena de Muerte” representó a una monja
que acompañó a un asesino (al que interpreta Sean Penn y que se le
confesó al final entre sollozos) en sus últimos días antes de ser
ejecutado, con visitas casi diarias, incluido el día de la ejecución
en que se miraron con amor. Lo que haga Dios al respecto lo ignoramos todos. Ni siquiera sabemos si lo hay.
La señora crítica de cine dijo al respecto del papel de Susan
Sarandon: “Bueno, a mí ese personaje tan bondadoso (lo dijo
despectivamente), tan bueno, tan irreal (eso es porque no conoces a
S.; soy el novio y autor de este apartado, pero sigue), sin dobleces,
sin sutilezas me decepciona totalmente; me parece tan poco
interesante….” Eso lo diría por lo interesante que es ella.
Lo decía en otro apartado, son los malos los interesantes, por lo
visto. Pues a mí S. me interesa muchísimo, hasta el punto de amarla
como no he amado a nadie nunca. Lo único que sé es que no podré
ser correspondido en el grado, porque mi amor es algo que no me cabe
en todo el entendimiento, pero si en el corazón.
Nunca se podrá medir todo lo
que yo te quiero, S....
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