martes, 23 de agosto de 2016

LA VOLUNTAD Y EL DESEO



CONTRA LA REALIDAD

 La voluntad y el deseo hubieran sido estar bien durante mayo, junio, julio y agosto. La voluntad y el deseo hubiera sido que desde el domingo, lunes y martes (hoy), yo encontrara alguna motivación en otra cosa que no fuera, rendirme aquí, en palabras públicas.

La voluntad y el deseo hubiera sido no sentirse absurdo en en el facebook durante un par de meses o más, conectándome y desconectándome, saliéndome del tiesto más de una vez. La realidad es que en la vida, al contrario que en ciertos aparatos, no existe el rewind (o echar para atrás en el tiempo, para así corregir las boñigas desperdigadas por el camino). Disculpas a quienes proceda.

Y por Dios que nadie me diga que no me castigue. Porque no me importa haber hecho el ridículo en el pasado, cuando sé que es en parte  por la enfermedad y sus estragos. La gente con bipolaridad  tenemos que aguantar  que nos pongan por los cielos algunos días o que nos bajen al barro cuando estamos mal.

La voluntad y el deseo sería contar cosas bonitas para que luego no te acusen de tener la pena en la boca. La voluntad y el deseo serían que quien me lo dijo, hubiera sabido que uno no trata de buscar compasión ni auto-compadecerse, ni lloriquear. De hecho no lo hago en compañía de los de al lado. O muy poco.

La voluntad y el deseo sería que esa persona (pena en la boca) comprendiera que uno trata de canalizar el dolor por medio de la escritura pública, sobre todo para intentar hacer literatura (aunque quizá no lo consigue), y no para que le digan pobrecito, ni de que le den un pañuelo o le hagan caricias y le den ánimos y le digan "con lo que tú vales", que tampoco. La voluntad y el deseo sería que, eso (no tengas la pena en la boca), quien lo dijo, y salvando las kilomegamétricas distancias, se lo hubiera dicho también a Miguel Hernández, tras resucitarlo, por haber escrito, entre otras "penas"  las "Desiertas abarcas".

La voluntad y el deseo sería que a uno la vida le fluyera y no tuviera (como recurso único y final para frenar su agonía) que  tener que recurrir al ego para escribir esto. 

Y como he estado tres días casi sin poder hablar, aunque la voluntad y el deseo no sean salir un rato de mi agujero por medio de esta exposición, recordando las palabras de Mercedes Elorza, de que si la única salida al mal era hacer lo que estoy haciendo, habría que buscar otros caminos, la realidad es que llevo cuatro meses buscándolos y no hay manera. Lo he intentado de mil maneras, entre ellas entrar y salir del  facebook como un animal descolocado y dirigido por una enfermedad que estos cuatro últimos meses se ceba con el alma de uno, hasta hacerle perder el norte varias veces.

La voluntad y el deseo sería dormir sin pesadillas, levantarme fresco, disfrutar de la compañía de mi novia y de mis amigos, disfrutar del sol, de la brisa, de la música y de la lectura. 

La realidad es que no estoy pudiendo hacer ninguna de esas cosas estos tres últimos días y mi interior se bate en ansiedad cruda exteriorizada en lágrimas de dolor, y sólo escribir públicamente (lo que demuestra que la realidad es que yo debo de tener un ego de tamaño mayor que todos los planetas juntos) esto, me saca de mí.


La voluntad y el deseo serían no tener que estar escribiendo esto como salida a mi mal. La voluntad y el deseo sería que pudiese quitarme el malestar de otro modo. La voluntad y el deseo sería que yo no necesitase un receptor lector inmediato, pues ni hablar con los cercanos amados me calma, porque ni puedo, aunque sí por escrito. 

La voluntad y el deseo más ingenuo sería escribir un libro.

La realidad es que demasiados días no puedo.

La realidad es, que, exceptuando lo que estoy haciendo ahora, comunicarme por escrito contigo, NADA me saca de mis contradicciones internas, de mis luchas en las que cuanto más trato de eliminar el ego, más se crece y me pide que haga estas cosas.

La realidad es que, aparte de enfermedad y problemas de conciencia, hay necesidad de comunicarse de esta forma, como mails que mandara a mi novia al extranjero cada día, y ella me respondiera diariamente desde donde estuviera.  La realidad es que estoy viviendo con ella, y no puedo ni hablarle del dolor que tengo, no en la boca, amigo, sino en la escritura o dentro de mí. En este caso detrás de un NO grande hombre (y no es victimismo, es la enfermedad la que me reduce a no ser ni mediano) hay una gran mujer. Mejor dicho, la realidad es que detrás de una gran mujer, hay un hombre que no puede llegarle a la altura y como esta mujer es grande, me sonríe a pesar de que nada puedo darle.

La voluntad y el deseo es que no quiero que nadie me psicoanalice y me diga qué es lo que tengo que hacer al respecto. La voluntad y el deseo es que nadie acuda con consejos proteccionistas, y buenas intenciones, o con riñas. No las necesito, no necesito que nadie me diga lo que tengo que hacer porque nadie sabe lo que es estar en manos de una depresión torturadora de tres días, en los que no me voy a la cama porque el despertar es mucho peor, y si te encamas terminas en el psiquiátrico. 

La voluntad y el deseo es que no querría que nadie me compadeciera, como mucho que me comprendiera. La realidad es que eso es difícil pues ni yo mismo comprendo lo que pasa cuando caigo al infierno, o por qué ocurre eso (pudiera ser un desastroso circular de la serotonina entre mis neuronas) como para comprenderlo otros.

Lo que me asombra es que yo sea sólo capaz de expresarme en internet, y no pueda hacer la cama. La voluntad y el deseo sería no depender de la escritura ni del ego y hacer las cosas con alegría.

Pero la realidad es muy otra. La realidad es que, durante mayo, junio, julio y agosto yo no he levantado cabeza. Mejor dicho, la levantaba, pero luego volvía a caer y desde el domingo a la mañana es todo una derrota salvo este texto, salvo esta escritura que desea ser leída para salir de mí al otro para, para, para qué se yo para qué.

Por favor, no emoticonos de lágrimas, no consejos, no mandatos de lo que debo de hacer, no reproches de baja autoestima (cuando uno está en depresión la baja autoestima es uno de los síntomas básicos) nada de que me autocastigo (también suele ser un síntoma de la depresión, en mi caso más, por un caso de fuertes problemas de conciencia desde hace más de veinte años).

La realidad es que lo único que puedo hacer es mandar a quien esto esté leyendo un enorme abrazo y que sienta mi calor, pues es lo único que me salva, la escritura y el afecto , no sólo el recibido, sino el ofrecido cuando puedo darlo, como ahora: besos y abrazos, y gracias, porque sin ti, lejano y desconocido lector, esto no lo hubiera podido escribir. Y escribirlo, algo me ha relajado.
Después de todo blogger y facebook me ayudan (nunca lo hubiera creído)

¡¡Otro abrazo!!!!!!!

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